WPC> 2 ZB BLaurentius_PostScript_(HP_LJ_III.PS)LAURENTI.PRSx  @hhhh2.HX@3|x 3'3'Standard6&&ein wittgensteiniana wittgensteiniano6&StandardII.PS)LAURENTI.PRSx   #x  @U X@# dddd X` hp x (#%'0*,.8135@8:tbttYtkYbttttb5,5KP5GPGPG5PP,,P,|PPPP5>,PPtPPGM MW5(555555555555P,tGtGtGtGtGkkGbGbGbGbG5,5,5,5,tPtPtPtPtPtPtPtPtPtPtGtPtPtPtPtGtGtGkGkGkGkGtPbGbGbGbGtPtPtPtPtPtPtPtP5,5,5,5,>tPb,b,b,b,b,tPtPtPtPtPtPtk5k5k5Y>Y>Y>Y>b,b,b,tPtPtPtPtPtPttPbGbGbGtPb,tPk5Y>b,tPtPtPtPtP"^h[hht---DDD-DD-----ttt[-\hFt-------tttt-DDDD-------DD---------DDDDDDDDttttDttttt----DD-------------t-----D-Kh}77t"^SoMoooSoS]oo6;Mo]ooo]o]oIoSooM8oooooooooo]M]]]]]]]]]]]]]MoooM]oKuSodn]MooMMoM"^h[hht---DDD-DD-----t;M\hFt-------tttt-DDDD-------DD---------DDDDDDDDttttDttttt----DD-------------t-----D-Kh}77t2`1h )5>"m^%/%IIq(+%FW%/%9IIIIIIIIII+(WWW?ugdWugagq?CnaudZddMS{k]]g(P5WS(FF9I95CI(%I(gMCIC255MIqFCI(W(W%%I9 2, es propiedad intelectual de su autor, Lorenzo Pe9a, quien por la presente nota permite a todos reproducirlo 1ntegramente y distribuirlo por cualquier medio. A salvo de los derechos que otorga a cualquier lector la legislaci;n vigente, proh1bo, en cambio, cortarlo, extractarlo, resumirlo, o modificarlo. Toda copia o reproducci;n deber ser absolutamente textual, incluyendo el nombre del autor y esta nota. Q   qW, &ybdddyyb#dddy 0ndice  00."Introducci;n. )a !a Secci;n I: Fundamentos Te;ricos ă  01."Optimismo. 02."Progresismo. 03."Igualitarismo. 04."Compasivismo. 05."Consumismo. 06."Productivismo. 07."Animalismo.!  !a Secci;n II: Tesis de Filosof1a Pol1tica ă  08."Populismo. 09."Juridicismo. 10."Republicanismo. 11."Unitarismo. 12."Justificativismo. 13."Naturalismo pol1tico. 14."Planificacionismo.!  !ra Secci;n III: Propuestas Prcticas ă  qW4  15."Evolucionismo. 16."Mundialismo. 17."Comunismo. 18."Antiimperialismo. #  v Q   Zc   00." Introducci;n )a Clasificar es indispensable; pero las clasificaciones suelen constituir estorbos para un conocimiento ms afinado de la realidad. Por eso siempre hay un peligro de deformaci;n al encasillar a un autor.  Sea por desconfianza hacia las esquematizaciones, sea por cualquier otro motivo, es el hecho que algunos pensadores nunca quisieron comprometerse a sintetizar, en unas pocas pginas, las ideas que expon1an y que justificaban en sus diversos escritos de mayor o menor longitud; sin duda hu1an del autoencasillamiento.  Otros pensadores ofrecieron varias s1ntesis ms o menos concisas "aunque, insatisfechos con cada una de ellas, continuaron ensayando otras, esperando tener ms )xito la vez siguiente. Frecuentemente era algCn debate lo que hab1a ocasionado la redacci;n de tales s1ntesis. No es bajo el impulso de debate alguno, sin embargo, como ve la luz el presente ensayo. El motivo que me lleva a escribirlo es el siguiente.  S) que muchos lectores de mis dispersos escritos pol1ticos han experimentado sensaciones encontradas, dudando d;nde ubicarme; algunas de mis ideas les han podido parecer muy revolucionarias "tal vez exageradas"; otras, inspiradas en una prudencia rayana en el moderantismo. La verdad es que (si sirve de algo una autocalificaci;n), yo me considero un progresista que cree, por encima de todo, en la hermandad humana y que "aun condenando el sistema pol1tico imperante" tiene confianza (no ciega ni inquebrantable) en que cambios evolutivos y paulatinos acaben desembocando en la anulaci;n total de la propiedad privada.&=p-p-p-Ԍ No han concordado forzosamente entre s1 los asertos que he propuesto a mis lectores en mis diversos escritos pol1ticos "redactados a lo largo de los Cltimos tres lustros aproximadamente (y eso dejando de lado los de mi juventud, que se hab1an situado en otra perspectiva ideol;gica). No s) cun fruct1fero ser1a sistematizar esas tesis pol1ticas, que responden a preocupaciones mCltiples y cambiantes.  Pero a lo mejor s1 vale la pena esbozar "a grandes rasgos" los lineamientos de mi actual posici;n pol1tica. Este folleto se propone ofrecer una pauta (revisable e inexacta) de la provisional orientaci;n de mis ideas pol1ticas. Va destinado a aquellos de mis lectores que deseen contar con una s1ntesis de las mismas.  En el escabroso terreno de a qu) precedentes doctrinales me encomiendo, dir) que mis ideas pol1ticas son las del comunismo l;gico, un comunismo que puede deber algo de su inspiraci;n (directa o indirectamente):  " a la secular tradici;n malllamada `ut;pica' (principalmente Campanella, Winstanley y Graco Babeuf);#  " al solidarismo jur1dico franc)s (Le;n Duguit y, sobre todo, Georges Scelle);#  " a la corriente difusa y variopinta que se denomin; `socialismo de ctedra';#  " a Juan de Mariana y otros fil;sofos del derecho espa9oles del Siglo de Oro;#  " a las ideas jur1dicopol1ticas de Leibniz (un poquillo influidas, a su vez, por Hobbes);#  " a la filosof1a axiol;gica de Nicolai Hartmann;#  " al materialismo hist;ricodial)ctico en su versi;n estndar (digamos l1nea ortodoxa );#  " al colectivismo de Joaqu1n Costa;#  " a la concepci;n de Plat;n sobre la RepCblica justa;#  " a la )tica humanista y universalista de los estoicos;#  " al utilitarismo de Bentham y John Stuart Mill.#  Entre las muchas corrientes que, seguramente, no han ejercido influencia alguna en mis ideas (y que pueden ser, en cambio, referencias prioritarias para algunos de mis lectores) cabr1a enumerar:  " el anarquismo "ya sea el de viejo cu9o, anticapitalista (Proudhon, Bakun1n), ya sea el moderno libertarismo (Nozick);#  " el individualismo econ;mico de Adam Smith y de sus muchos ep1gonos;#  " las teor1as del contrato social, de Locke a Rawls, pasando por Rousseau;#  " la teor1a del consenso racional de Habermas (Cltimamente metamorfoseada en el patriotismo constitucional);#  " las corrientes del cooperativismo, socialismo de mercado y otras similares;#  " las filosof1as de sesgo vitalista y existencialista, como la de Sartre;#  " los nuevos paradigmas distributivos como la libertad sustancial propuesta por Amartya Sen;#*p-++&&Ԍ " el tal vez equivocadamente llamado `republicanismo' segCn lo han propuesto fil;sofos como Philip Pettit;#  " y los astros de la abigarrada constelaci;n marxoide (cuya lista ser1a tediosa).#  Todas esas referencias valen lo que valen. Pido al lector que me juzgue por mis propuestas y por los argumentos en que se apoyan; no por mi simpat1a o antipat1a para con unos u otros pensadores del pasado o del presente.p-++&& =  eg   Secci;n I: Fundamentos Te;ricos    Z_ "/ 01." Optimismo )a Frente a las ideolog1as al uso, la aqu1 propuesta rechaza todo pesimismo. Expresa la confianza en el valor de la vida, del ser, de la humanidad, de su historia, de su avance, de su inteligencia, de su hermandad, de las relaciones de compasi;n hacia nuestros hermanos inferiores.  La realidad est engarzada en una consustancial contradicci;n, en el cruce y la oposici;n de los contrarios: Bien y Mal, Ser y noSer.  No se trata de una mera dualidad de aspectos dentro de una misma entidad "de un mismo sustrato, hecho o proceso"; esos dos polos existen, ambos, en la realidad desde toda la eternidad y seguirn existiendo siempre; cada uno tiene su propia sustancialidad, aunque no haya nunca mbito alguno de la realidad donde se d) un puro bien sin mezcla de ningCn mal o un puro mal sin mezcla de ningCn bien. El bien es fuente de amor, de uni;n, de asociaci;n, de acumulaci;n, de abundancia, de conjuntaci;n, de armon1a, de concordia; el mal es fuente de odio, de desuni;n, de disociaci;n, de enrarecimiento, de escasez, de dispersi;n, de disonancia, de discordia.  El bien es ms fuerte y prevalece, porque, si no, no habr1a nada. La construcci;n, la uni;n, lo positivo, prevalecen sobre la destrucci;n, la desuni;n, lo negativo.  Aunque estamos en lucha sin fin contra el Mal, contra las potencias mal)ficas "que prevalecieron y que todav1a hoy son poderosas en las sociedades humanas", el mundo es bueno; y, por eso, vale la pena luchar y esforzarse, para coadyuvar a vencer el Mal y hacer a la vida mejor, ms bonita, ms fraterna, ms justa, ms arm;nica. aك  Z^  a!02." Progresismo ă  Se ha dicho que est en crisis la noci;n de progreso, porque es una idea ingenua "presuntamente desmentida por los hechos" la que cree en un avance de la humanidad que "a lo largo de una l1nea imaginaria" ir1a de menos a ms (sea en bienestar, o cultura, o capacidad productiva, o lo que se tome como valor).  SegCn los adversarios de la tesis del progreso "a la que tildan de candorosa", el estudio de la marcha real de la historia revelar1a lo contrario: que no hay tal l1nea (ni una ni varias); que a veces se mejora, otras se empeora, segCn en qu); y que ningCn estadio de esa ca;tica serie de acontecimientos que llamamos `la historia' es ni ms ni menos avanzado que ningCn otro, sencillamente porque no tendr1a siquiera sentido hablar ni de avance ni de retroceso. (Otra variante del antiprogresismo dir que hay avances y hay retrocesos, pero al buen tuntCn.)  Que son falsas las objeciones antiprogresistas lo voy a demostrar punto por punto, considerando, sucesivamente, catorce problemas.  1." Cualesquiera que sean las dificultades para definir con rigor la noci;n de progreso, )sta tiene un sentido claro, que se puede patentizar con ejemplos.d*=p-p-p-Ԍ Progresar, para un individuo, es acercarse ms al cumplimiento de sus planes de vida a largo plazo, o sea a sus fines; y lo mismo para una sociedad planificada. Cuando no hay planificaci;n, no deja de haber una raz;n para la existencia de la colectividad, que consiste en fomentar el bien comCn, el cual estriba en la materializaci;n de valores como el conocimiento, la libertad, la igualdad, la prosperidad y la seguridad de sus miembros. Hay progreso en la medida en que se incrementa la materializaci;n de alguno de esos valores.  Es perfectamente posible que el progreso en unas cosas corra parejo con un retroceso en otras, pero, as1 y todo, habr progreso (habida cuenta de todo) cuando se pueda trazar un balance general favorable.  2." Si es clara la noci;n de progreso (aunque no por ello exenta de dificultades definitorias), su realidad hist;rica tambi)n puede comprobarse estudiando el curso de los hechos a lo largo del tiempo.  Afirmar que nuestra sociedad (digamos la espa9ola, p.ej) no ha progresado en el Cltimo milenio implicar1a decir que hoy el nivel general de conocimiento, libertad, seguridad y bienestar no es mayor que hace mil a9os. Ya tomemos, como m;dulo, un lapso de 10.000, de 1.000, o de 100 a9os, tales asertos estn refutados por los hechos. (Y es irrelevante que quepa siempre fijar un m;dulo tan peque9o que en )l no se registre progreso, p. ej. un a9o o una hora.)  3." Es universal esa l1nea de evoluci;n progresiva? No hay ms l1nea de evoluci;n que la que registramos en las sociedades que nos son ms conocidas? Hay otras alternativas en otras partes del mundo? Cualquiera que sea la respuesta acertada, parece peque91sima (o insignificante) la importancia prctica de tal cuesti;n, porque lo cierto es que hoy se da una convergencia universal a un tipo de evoluci;n (evolucionar hacia una sociedad t)cnicamente avanzada, industrializada y dotada de un ordenamiento jur1dicoconstitucional moderno "y en buena medida codificado); es dudoso que tal convergencia resulte de una mera casualidad.  4." Es necesaria esa evoluci;n o es puramente contingente? No creo que sea un accidente venturoso. El ser humano es una especie viviente que tiende a unas metas (vivir ms, vivir mejor, expandir su vida y, con ella, la realizaci;n de sus funciones y potencialidades de satisfacci;n y de conocimiento); para procurar esos fines, cuenta con los medios de la capacidad para adaptarse, la raz;n y la coordinaci;n social. El progreso no es sino el resultado paulatino de esa inteligencia adaptativa y de las potencialidades de la coordinaci;n social.  A veces hay retrocesos en esto o en aquello, eso es cierto. Pero el reanudar, a la postre, la marcha hacia el avance no es una simple buena suerte, sino una plasmaci;n de las capacidades innatas y connaturales de nuestra especie, un don de la naturaleza (a trav)s de la historia y de la cultura de una )poca).  5." No estoy sentando, en absoluto, ninguna tesis que divida a la historia en etapas prefijadas que se vayan a suceder segCn un inexorable patr;n; entre otras cosas porque no creo en la existencia de etapas (salvo delimitadas de manera ms o menos discrecional, para tales o cuales prop;sitos). No estoy diciendo, pues, que haya en la historia un estadio A que tenga que ser seguido por un estadio B y as1 sucesivamente.  Lo que digo es que "sea cual sea el punto de partida de una sociedad" el transcurso del tiempo producir una mejora en la materializaci;n de los valores socialmente aceptados y que tienden a ser constantes, porque responden a la propia naturaleza humana.I*p-++&&Ԍ 6." Tampoco estoy afirmando que haya un reloj que, al margen del contenido concreto de la historia, predestine el ritmo del progreso de la humanidad. Ese ritmo var1a en funci;n de muchos factores, tendiendo a aumentar cuando se incrementan las capacidades de acumulaci;n con: el nCmero de miembros de la sociedad; la intensidad de la comunicaci;n entre ellos; la capacidad de transmisi;n intergeneracional; la eficacia del marco institucional para un trabajo en grupo.  7." Si es defendible, pues, la tesis de un avance necesario del ser humano, con el transcurrir del tiempo (medido en siglos o milenios), ello no trivializa la noci;n de progreso. No cualquier historia es historia de progreso. La historia geol;gica de la Tierra no es la de progreso alguno. Ni la historia de las lenguas es tampoco la de progreso alguno (el lat1n no era un idioma menos avanzado o evolucionado que el espa9ol). Pero justamente la humanidad s1 ha recibido un don de la naturaleza que le permite avanzar.  8." No s) si hay excepciones (sociedades involutivas o que, a lo largo de los milenios consecutivos, no avanzan en ninguno de esos valores, sino que se estancan o van para atrs en todos ellos, o que al menos tienen un balance general de retroceso). Mis conocimientos no me permiten aseverarlo ni siquiera otorgar credibilidad alguna a esa hip;tesis. De haber excepciones a la ley universal del progreso, no ser1an ms que eso, y confirmar1an la regla (aunque habr1an de explicarse adecuadamente por las condiciones excepcionales que concurrieran).  9." Es la acumulaci;n de los avances lo que hace posible ese progreso, constatado en la historia de la humanidad, que corresponde necesariamente a una tendencia innata de nuestra especie (su adaptatividad inteligente). NingCn avance se logra sin los esfuerzos mancomunados de muchos individuos humanos. Pero eso no basta. Lo que explica el avance es la posibilidad de acumular adquisiciones a lo largo del tiempo, de una generaci;n a la siguiente, o sea la transmisi;n cultural.  La nuestra no es la Cnica especie cultural, pero "gracias al lenguaje, primero, a la escritura despu)s y a la imprenta y otros medios de comunicaci;n por Cltimo" el ser humano lleva a un extremo esa capacidad de transmisi;n cultural (no resultando fcil imaginar v1as de transmisi;n ms eficaces que las que de hecho va implementando la humanidad).  Ese carcter cumulativo es lo que infunde al progreso sus rasgos de continuidad y gradualidad. El inventor ms genial aporta s;lo un grano de arena, que ni siquiera ser1a concebible sin los esfuerzos acumulados de las generaciones previas y de sus coetneos. La labor ms individual es posible por el transfondo social.  10." El progreso hist;rico de la humanidad es "en primer lugar y sobre todo" un avance t)cnico, un perfeccionamiento de la ingenier1a, gracias a la cual hemos ido mejorando la producci;n de alimentos, medicinas, edificios, v1as de comunicaci;n, enseres dom)sticos, vestidos, etc; pero tambi)n es un avance moral. Nuestra especie tiene una capacidad de raz;n prctica para averiguar c;mo hacer cosas materiales, pero tambi)n la tiene para extraer conclusiones de premisas axiol;gicas; unas veces en un d1a, otras en un milenio. Gracias a lo cual tambi)n en lo valorativo vamos mejorando, aunque haya (como hay) retrocesos transitorios. Siendo tan grande el poder de la raz;n, quienes no convencen a largo plazo acaban por no vencer.  11." El progreso de la humanidad no s;lo hay que reconocerlo, sino sobre todo propiciarlo. Justamente porque su ra1z causal es la capacidad planificadora de los hombres y de las mujeres*p-++&& "y de los grupos y las sociedades que ellos forman", el progreso opera a trav)s de planes, y puede operar ms y mejor cuando uno se propone expresamente esa meta de progresar.  Desde luego no hace falta compartir esa creencia en el progreso para esforzarse porque mejore la vida de la humanidad. Es perfectamente posible, y encomiable, la actitud trgica de quien, sin sentirse respaldado en absoluto por la marcha natural de la evoluci;n humana "sino, al rev)s, por puro voluntarismo o por escueta opci;n axiol;gica", decide luchar porque las cosas mejoren. Una lucha sin esperanza, o sin esperanza racional.  Pienso que la mayor1a de nosotros no compartimos tales actitudes trgicas o heroicas (tal vez ni siquiera las compart1an los h)roes trgicos); y que, por lo tanto, no es fcil ni probable que se esfuerce uno por el bien sin comprender que, con ello, est respaldado por la tendencia misma de los acontecimientos a que, a la postre, acabe prevaleciendo el bien sobre el mal.  12." Se ha objetado, ms en concreto, contra la creencia en el progreso que el siglo XX ha sido una centuria de retroceso, un per1odo de carnicer1as b)licas, genocidios, barbarie y totalitarismo. Tambi)n se ha vaticinado la pr;xima extinci;n de la humanidad por efecto del deterioro medioambiental que habr1amos provocado y que ya estar1a causando una insoportable degradaci;n de la calidad de vida.  No creo que ningCn gobernante del siglo XX haya superado en totalitarismo y barbarie a Carlomagno, Inocencio IV, Enrique VIII, Gengis Kan, o Luis XIV. Ni que sea comparable el porcentaje de v1ctimas de las dos guerras mundiales "y de las coloniales o neocoloniales que las han precedido y seguido" a los masivos exterminios que acarrearon las cruzadas, las devastadoras guerras de religi;n y la trata negrera.  Tampoco comparto la visi;n apocal1ptica de los agoreros ecologistas (ms sobre eso en los  05, 06 y 08 de este ensayo). En algunas cosas la calidad de vida urbana de hoy s1 es peor que la de hace 75 a9os (a causa principalmente del autom;vil); pero en general es muy superior a la de cualquier tiempo pasado la calidad de vida de las amplias masas (incluso en muchos pa1ses subdesarrollados).  El siglo XX ha sido el primero en la historia humana en el cual la esclavitud no s;lo ha sido declarada ilegal en todo el mundo, sino que ha venido arrinconada a lugares aislados donde ya est en v1as de desaparici;n. (La esclavitud era legal hasta 1865 en la mayor parte de la superficie terrquea.)  Adems, los Cltimos cien a9os han constituido el per1odo de mayores avances morales y t)cnicos ()stos Cltimos han posibilitado los primeros): establecimiento del estado moderno del bienestar; asistencia pCblica sanitaria; amplios sistemas de jubilaci;n; generalizaci;n de la ense9anza primaria gratuita; alfabetizaci;n masiva; agua a domicilio, alcantarillas, electricidad, tel)fono, radio, internet. Sin hablar ya de otros electrodom)sticos, de los antibi;ticos, analg)sicos, antis)pticos y tantos otros remedios, y, en general, de las comodidades que suavizan la vida y la hacen ms llevadera.  Nuestra )poca ha sido tambi)n la de la emancipaci;n femenina (inconclusa, pero que ha avanzado a pasos acelerados), la de la proclamaci;n universal de los derechos humanos "incluyendo los de prestaci;n social", la de la promulgaci;n del principio jur1dico de nodiscriminaci;n racial, la de la superaci;n del yugo colonial. Nada de todo eso exist1a hace 100 a9os.I*p-++&&Ԍ 13." Pero, si ha habido progreso en la historia "y no por accidente, sino como resultado de la finalidad e inteligencia naturales de nuestra especie", no es cierto que, antes o despu)s, eso acabar, porque la vida en este planeta no puede durar perpetuamente? S1, eso es verdad. Pero tenemos por delante much1simos millones de a9os antes de llegar al apogeo de nuestra vida colectiva. El ocaso est todav1a lejos, muy lejos.  14." Si mi resuelta afirmaci;n del progreso me lleva a sostener que cualquier tiempo pasado fue peor, no me hace condenar la nostalgia como una vivencia irracional; en el tiempo perdido hay valores que ya no pueden darse, o no del mismo modo ni con la misma intensidad. Aun el pasado amargo y doloroso lo recordamos con un agridulce sentimiento; es una condici;n esencial para dar sentido a nuestras vidas recordar lo que fue, tenerlo presente en la memoria y en la emoci;n (individual y colectiva). El pret)rito nunca ha pasado del todo; est aCn con nosotros, en alguna medida, en su ambivalencia, con su doble carga emotiva, en la fusi;n de lo perdido y de lo ganado. aك  Z  a 03." Igualitarismo ă  La igualdad es el nCcleo de la justicia y, por lo tanto, el fundamento de los derechos humanos. Si una sociedad respeta los derechos humanos, es justa. Y si una sociedad es justa, respeta los derechos humanos.  La justicia es la noarbitrariedad. Hay justicia en tanto en cuanto no se deban al capricho las decisiones y las adjudicaciones (las de los decisores pCblicos y las de los privados, en la medida en que afecten a otros). Eso significa que haya un orden, unas reglas, y, por ende, que sepa uno a qu) atenerse cuando obre de un modo (seguridad jur1dica, confianza leg1tima).  En un segundo nivel nos preguntamos por la justicia de esas reglas. Para que sean justas tienen que ser noarbitrarias. Tiene que haber unas reglas que regulen (de manera no arbitraria) la promulgaci;n de las reglas. Y as1 sucesivamente.  En Cltima instancia, es necesario que las reglas, para ser justas, sean igualitarias. El principio de igualdad impone tratar del mismo modo los casos iguales y de modo aproximadamente igual los casos aproximadamente iguales. Lo que no sea eso, es arbitrario.  Y es que cualquier norma asocia unas consecuencias normativas a unos supuestos de hecho. Una norma arbitraria asocia las consecuencias normativas a supuestos de hecho, no por una raz;n para hacerlo, sino porque s1, por antojo del legislador. En la medida en que no haya arbitrariedad "o sea, en tanto en cuanto haya una raz;n para asociar el efecto normativo al supuesto de hecho", ello ser para todo supuesto igual.  En qu) son pertinentemente iguales los diferentes seres humanos? En ser miembros de la misma colectividad humana. La sociedad est compuesta por los individuos para afrontar juntos las tareas de la vida en comCn y participar en sus ventajas. Ese t1tulo de pertenencia, comCn e id)ntico, funda los mismos deberes de colaboraci;n al bien comCn (igualdad de deberes, proporcional a las capacidades de cada uno) y los mismos derechos de participaci;n igualitaria en el bien comCn.  De ah1 que una sociedad justa sea una sociedad en la que cada quien est obligado a contribuir al bien comCn en la medida de sus posibilidades y est hablitado para participar delD*p-++&& bien comCn en la medida de sus necesidades (insuperable f;rmula de Carlos Marx para la sociedad comunista).  Eso s1, a fin de asegurar esa contribuci;n al bien comCn, habr que restringir el criterio igualitario de distribuci;n segCn las necesidades, criterio s;lo aplicable a los diversos individuos en tanto en cuanto contribuyan al bien pCblico proporcionalmente a sus posibilidades. Habiendo individuos que, en mayor o menor medida, queriendo aprovecharse de los dems, rehCsen hacer aportaciones adecuadas, es l;gico que sufran una merma proporcional de la participaci;n en el bien colectivo.  Frente a ese igualitarismo que defiendo se han formulado dos objeciones principales. La una es que es inviable una sociedad as1 porque propiciar1a una irresponsabilidad generalizada, al ser indiferente lo que uno haga para recibir su parte igual del bienestar colectivo. La segunda objeci;n aduce que la noci;n de necesidades es puramente subjetiva, pues se reduce, en definitiva, a las preferencias, o sea a los meros deseos.  Es err;nea la primera objeci;n, porque, siendo incondicional el derecho a participar equitativamente en el bien comCn, no por ello es absoluto; lleva aparejada, como contrapartida, la obligaci;n de contribuir al bien comCn; en tanto en cuanto se incumpla ese deber, ser abusivo el disfrute del derecho de participaci;n. Por eso, la pol1tica pCblica de distribuci;n no podr guiarse s;lo por ese principio de distribuci;n segCn las necesidades, sino que lo restringir para incentivar el m)rito, la aportaci;n voluntaria al bien comCn. (Los znganos vern su porci;n reducida al m1nimo, porque no es verdad que cada uno tenga derecho a escoger, si lo quiere, una vida de holgazaner1a.)  Tambi)n es falsa la segunda objeci;n. El igualitarismo ve un valor en la felicidad humana, pero una felicidad entendida como concepto con una dimensi;n social y normativa, segCn pautas objetivizables, verificables, y no de satisfacci;n de caprichosas preferencias desiderativas. La determinaci;n de las necesidades se hace segCn criterios socialmente relevantes, en funci;n de parmetros de comparabilidad intersubjetiva e imparcial. El ciego tiene unas necesidades de las  ZR que carece el vidente; en cambio, no tiene ninguna necesidad particular el glot;n que ans1a zampar angulas sin conformarse con una comida ms corriente.  Para terminar este apartado, precisar) que la igualdad aqu1 defendida es una igualdad de resultados, un derecho a la igual felicidad de todos (correlativo al deber de igual aportaci;n, proporcionada a las capacidades propias). No se parece en nada a la igualdad de oportunidades ni a la igualdad de capacidades que proponen otros. Esas concepciones comparten un supuesto libertario, el de que, siendo la igualdad un valor subordinado al de la libertad, s;lo tiene cabida en una organizaci;n pCblica racional en la medida en que se limite a articular una igual libertad.  (sas son igualdades procedimentales, o de medios, que nunca resuelven nada (ni, por lo dems, son posibles, ni siquiera en una sociedad igualitaria). S;lo se va a conceder a cada individuo una oportunidad Cnica en su vida (de suerte que, si se equivoca, lo haya de pagar)? No habr compasi;n? Se otorgar una segunda oportunidad? Una tercera? Una cuarta? Similarmente, esas capacidades igualadas se fijarn de una vez por todas? O se acudir a una peri;dica redistribuci;n para salvaguardar o restablecer esa igualdad de capacidades? Cada cincuenta a9os? Cada 50 semanas? En suma, todas esas f;rmulas meritocrticas son, en el fondo, profunda y cruelmente antiigualitarias. aك* p-++&&Ԍ Z  a 04." Compasivismo ă  La mayor virtud del ser humano es la compasi;n, valor central de una sociedad fraternal y de un pueblo que progrese moralmente.  No s) de cunta compasi;n son capaces los animales pertenecientes a especies no humanas, pero s1 s) que, de entre todas las cualidades que a menudo (aunque no siempre) adornan a muchos miembros de nuestra especie, la ms bonita "la que ms nos honra, la que nos exculpa de tantas cosas menos hermosas que se han dado y se dan en la vida colectiva de la humanidad" es la capacidad de apiadarnos del sufrimiento ajeno.  Y es que no hay justicia sin compasi;n, o sea sin caridad. La compasi;n es el sufrircon los que sufren, el participar uno mismo en sus penas y alegr1as, en lugar de mirarlas como asunto puramente ajeno.  Una justicia inclemente o inmisericorde, una jurisprudencia sin coraz;n, fr1a y p)trea, ser1a una justicia mecnica, deshumanizada, incapaz de tomar en consideraci;n los requerimientos de la equidad. Falta del hlito de la piedad, la legislaci;n presuntamente justa no ofrecer1a un canon de conducta instituido para el bien del ser humano en su concreci;n. S;lo ese valor de la piedad o compasi;n hace que el legislador redacte sus preceptos pensando en las consecuencias para la felicidad o la desgracia de los individuos que van a ser afectados por esas normas. Y, adems, la vigencia del valor de la compasi;n determina que se legisle "y que se interprete y se aplique la ley" para beneficiar a los seres susceptibles de ser compadecidos. (Una empresa o un partido no son seres a los que quepa compadecer.)  La compasi;n deber1a ser, pues, un valor con vigencia jur1dica, proclamado constitucionalmente para que oriente siempre al legislador e inspire al juez en la interpretaci;n de las leyes; y habr1a de regir nuestras relaciones no s;lo con nuestros semejantes, sino tambi)n con los otros animales, nuestros hermanos inferiores. (V. infra, 07.)  En lo interhumano, el valor de la compasi;n nos lleva a defender la eutanasia, pues, por encima de cualquier otro valor, est el del compadecer a los que sufren, lo cual nos hace supeditar cualquier otro criterio de decisi;n a la regla de eliminar el dolor, o al menos aliviarlo todo lo posible.  Es igualmente ese valor de la compasi;n el que nos lleva a la justicia en su concepci;n igualitaria "la distribuci;n de la riqueza social segCn las necesidades"; con lo cual el minusvlido recibir aquel auxilio colectivo que le permita, si no del todo disfrutar de tanto bienestar o tanta felicidad como otros hombres y mujeres, al menos acercarse a )l en la medida de lo humanamente posible o, como m1nimo, ver su sufrimiento tan disminuido cuanto permitan los medios de la sociedad.  El principio de compasi;n puede formularse en la Regla de Oro: haz a los dems lo que quieras que te hagan a ti, o sea: actCa con compasi;n, compadece sus penas, comparte sus alegr1as. aك& p-++&&Ԍ Z  a!05." Consumismo ă  El hombre aspira naturalmente a consumir ms; es un progreso tener nuevas necesidades y poderlas satisfacer. El pensador social no ha de oponerse a esa tendencia natural, sino averiguar c;mo propiciar y satisfacer ese crecimiento del consumo popular. El bien comCn es el de un consumo creciente.  Consumo es prosperidad. El consumo se opone a la escasez, a la incomodidad, la privaci;n, la poquedad, la limitaci;n de la vida.  Esta defensa del consumo tiene que hacer frente a las lamentaciones que reprochan al (en buena medida injusto) sistema econ;mico dominante lo Cnico que tiene de bueno: que amplias masas (en muchos pa1ses, aunque no todos), avisadas o impulsadas por la publicidad, endulcen su vida adquiriendo bienes tales como: tarros de guisantes, rollos de esparadrapo, calcetines, estuches de gafas, aparatos de audici;n de mCsica, pr;tesis dentales, mochilas, cremas de protecci;n cutnea, cmaras de fotos, escarpias, libros, plumeros, bombillas, bicicletas, mantas, jerseys, bol1grafos, neveras, camisetas, almohadas, etc. El disfrute de tales productos del artificio humano comporta placer, y la privaci;n de algunos de ellos comporta dolor. El placer es un valor y el dolor un desvalor. Lo que causa placer es valioso y lo que causa dolor disvalioso.  En realidad mi cr1tica al sistema capitalista es justamente la opuesta. Le reprocho que no satisface las necesidades de la gente. Hay much1simos objetos que podr1an perfectamente fabricarse "porque la t)cnica lo permite", cuya puesta a disposici;n del consumidor beneficiar1a a potenciales adquirientes, y que, sin embargo, no se producen, porque los empresarios no calculan que les vaya a ser suficientemente rentable hacerlo, o dudan si lo ser; y, cuando se fabrican, no se comercializan bien, no llegan a mucha gente que querr1a comprarlos si se le diera ocasi;n. Entre esos mCltiples objetos los hay de todo tipo: medicinas, alimentos, ropas, libros, pel1culas, registros sonoros, aparatos diversos, muebles, etc. Y no vale como respuesta que en el mercado estn a la venta otros medicamentos, libros, aparatos, etc, porque justamente se trata de objetos que servir1an para cosas para las que no sirven los que se ofrecen.  Tambi)n le reprocho que otras mercanc1as que s1 se comercializan se venden demasiado caras para que mucha gente las pueda comprar, aun cuando los fabricantes y mercaderes podr1an venderlas ms baratas sin dejar de tener una ganancia (tal vez de momento menor, eso s1). O sea, mis reproches van en sentido contrario a los de los anticonsumistas.  Puede que la ra1z del desacuerdo valorativo estribe en que el consumista tiene una valoraci;n positiva de la vida "la vida sencilla y cotidiana de las masas", en tanto que para el anticonsumista eso, probablemente, carece de valor. De ser as1, no es fcil imaginar qu) raz;n podr1a aducirse para justificar una opci;n u otra. aك  Z$  a 06." Productivismo ă  S;lo el avance sin l1mites de la producci;n puede satisfacer el consumo humano. Consum1amos aire sin producirlo, pero tal vez hoy haya que adoptar procedimientos t)cnicos para reproducir aire puro. Tambi)n producimos el agua que consumimos (mediante depuradoras, canalizaciones y redes de distribuci;n) y prcticamente todo lo dems. S;lo produciendo cada vez ms y mejor podemos satisfacer el consumo humano, que tiende al infinito.) p-++&&Ԍ Para desarrollar la producci;n contamos s;lo con dos instrumentos: trabajo y t)cnica.  El primer instrumento es nuestro propio trabajo. Si es valioso lo que constituye un medio necesario para obtener un fin valioso, el trabajo encarna un valor. Como siempre sucede en la vida humana, el medio deja de ser un mero medio para convertirse "de algCn modo y en alguna medida" en un fin, a pesar del desvalor que tambi)n comporta, en tanto en cuanto requiere esfuerzo, que conlleva algCn grado de dolor. Mas ese dolor se transmuta en placer cuando tenemos conciencia de estar colaborando as1 al bien propio y al bien comCn. (Igual que "por un motivo ms trivial" se transforma en placentero el dolor del esfuerzo deportivo.)  El derecho a trabajar es una pretensi;n leg1tima a contribuir al bien propio y al colectivo mediante el propio esfuerzo. Y es tambi)n una obligaci;n, porque no hay nunca derecho a aprovecharse de los dems.  De ah1 que, frente a los ap;stoles de la pereza (Paul Lafargue) y los defensores de la renta universal bsica (como Van Parijs), haya que recalcar que entre los derechos humanos no figura el de trabajar lo menos posible para pasar la vida en el ocio y en la inactividad (la cual, prolongada en exceso, es degradante) o en ocupaciones balad1es y est)riles que no aporten nada a los dems; ni figura tampoco el de escoger uno su vida entre cualesquiera alternativas (porque es il1cito escoger un g)nero de vida il1cito, e il1cito es aprovecharse de los dems, como tambi)n degradarse uno mismo dedicndose a la vagancia, defraudando as1 la leg1tima confianza ajena en que lo que nos ha ayudado ser provechoso para nosotros mismos y para los dems).  Estas consideraciones me llevan a rechazar la postura de quienes creen que la principal conquista social que hay que reclamar hoy es la de trabajar menos. No creo que eso responda en absoluto a las preferencias reales de la gente; mas, en cualquier caso, no ser1a una preferencia racional.  No se me oculta que, gracias al progreso t)cnico (al que voy a referirme en seguida), va resultando posible disminuir paulatinamente la duraci;n del tiempo laboral para dedicar ms a otras actividades, mal llamadas `de ocio' (aunque, en el fondo, muchas de ellas sean, cada vez ms, trabajo de rendimiento postergado "como cuando lo que hace uno es una distracci;n que aguza la inteligencia, ensancha el conocimiento o ejercita el cuerpo y la mente).  Pero hay un equilibrio que buscar entre el tiempo libre y el tiempo laboral; sin perder de vista que es gracias a )ste Cltimo como labramos el bien propio, el de los nuestros y el del gran Nosotros que es la sociedad "adems de hacer ms placentero el esparcimiento (ya que sin cansancio tampoco hay descanso).  Ahora bien, cuando digo que el trabajo es el primer factor de la producci;n, me refiero no s;lo al trabajo individual, sino tambi)n al social. Y )ste depende del nCmero de trabajadores. Luego el incremento de ese nCmero es tambi)n un hecho valioso. (V. ms abajo, 08.)  El segundo instrumento con que contamos para desarrollar la producci;n es el progreso t)cnico. Tambi)n aqu1 hay que salir al paso de ideas hoy de moda que miran con desd)n el avance t)cnico, pensando que )ste nos esclaviza en lugar de liberarnos. No es as1. Por el progreso t)cnico, hemos pasado de la agricultura de hace un par de milenios "en la cual se cosechaba tanto y mitad de lo sembrado" a otra que nos permite comer a los seis mil millones de seres humanos (o que permitir1a hacerlo si se repartieran bien los alimentos).X) p-++&&Ԍ Si hoy son posibles las semanas laborales de menos de 40 horas (en lugar de 80), es gracias al progreso t)cnico (que, sin embargo, permite, en ese tiempo, producir una cantidad de bienes que multiplica la del pasado).  En realidad, de todos los factores del progreso humano, el ms importante es el t)cnico (aunque ese progreso t)cnico viene obstaculizado por el injusto reparto de la riqueza, el cual, coartando y cercenando el mercado "al restringir el consumo de masas", hace menos provechosa la aplicaci;n de t)cnicas innovadoras a la producci;n).  Esta defensa de los valores del trabajo y del progreso t)cnico productivo me lleva a rechazar el maltusianismo, que hoy ha renacido bajo la modalidad del ecologismo. (S;lo me opongo a un determinado ecologismo, que yo llamar1a mejor `ecolatr1a'; pero, generalizando, me referir) a esa tendencia con la locuci;n gen)rica `los ecologistas'.)  Llevan raz;n los ecologistas al se9alar que son delet)reos para el medio ambiente algunos componentes de la producci;n y del consumo, segCn estn actualmente orientados, si)ndolo, adems, en medida desproporcionada al provecho que nos causan. Concretamente: el autom;vil, el abuso de la navegaci;n a)rea, el nomadismo de lujo, las residencias secundarias, las urbanizaciones diseminadas y la infrautilizaci;n de las capacidades edificatorias de la arquitectura moderna, as1 como el desperdicio de energ1a, el derroche de agua para piscinas particulares y riego de c)sped, el no reutilizar los envases, el no reciclar suficientemente muchos desechos aprovechables, etc. Todo eso est asociado a un modelo de consumo extremadamente individualista y desperdigado, del cual disfruta una minor1a de la humanidad. Acarrea consecuencias nefastas para la calidad de la vida humana y destructivas del medio ambiente (principalmente por las emisiones de anh1drido carb;nico).  Tambi)n llevan raz;n los ecologistas al exigir ms inversi;n para el desarrollo de fuentes energ)ticas limpias (aunque se equivocan al excluir radicalmente la nuclear, cuya generalizaci;n preservar1a la atm;sfera si, a la vez, se eliminaran los autom;viles y se disminuyeran los viajes en avi;n). En este punto su error es el de sostener, sin pruebas suficientes, que hoy por hoy las energ1as renovables tienen posibilidades fuertes de utilizabilidad masiva.  Y aquellos ecologistas que son tambi)n defensores de los animales no humanos llevan, desde luego, plena raz;n en esa defensa (con tal que no se haga en detrimento de necesidades bsicas de la vida humana, como la de comer; ms sobre esto en el 07 de este ensayo).  Los errores de los ecologistas son otros:  1." Nos imponen unos deberes inexistentes para con las generaciones futuras. Cualquier ser humano meramente futuro, como no existe hoy, no tiene actualmente derecho alguno. Para que lleguen a existir futuras generaciones humanas, hemos de preservar la vida humana; y para que puedan ser felices, hemos de poderles legar felicidad nosotros mismos. Su bienestar hipot)tico no puede basarse en nuestra desgracia. Los hombres y las mujeres de siglos futuros no pueden oponerse a los de hoy. El futuro solventar sus problemas. No podemos pasar hambre o fr1o, carecer de vivienda, privarnos de comodidades en aras de nuestros nietos. Gracias a nuestros esfuerzos, habr un mayor progreso t)cnico que equipar a las generaciones futuras de medios para solucionar sus problemas.#  2." Nos exhortan a una abstinencia en el consumo sin decirnos de qu) hemos de privarnos: si de tener varios atuendos por individuo, o del uso del aspirador, o de la radio, o de laI* p-++&& lavadora o de qu) otro electrodom)stico, o de la lectura de cuntos libros, o de vivir en una morada que no sea un cuchitril. La austeridad preconizada no tiene ningCn contorno claro ni obedece a criterio racional alguno.#  3." Creen que, con reducir el crecimiento de las fuerzas productivas, se realizar1a un modelo econ;mico ms equitativo. No es as1. En primer lugar, porque lo que causar1a una mayor equidad ser1a el reparto, independientemente de que cese o no el crecimiento productivo; mas la resistencia al reparto aumenta si se frena el crecimiento econ;mico (porque los que no mejoran su nivel de vida son ms reacios a compartir). Y, en segundo lugar, la actual producci;n econ;mica del planeta Tierra, equitativamente distribuida entre los seis mil millones de seres humanos vivos, no permitir1a satisfacer ni aun las necesidades ms bsicas de comida, vestido, salud, vivienda y abrigo de las inclemencias. Luego por la v1a del estancamiento lo Cnico que se puede pretender es que todos vivamos mal, o que muramos.#  4." No comprenden que hoy tenemos que solucionar los problemas del siglo XXI, no los del siglo XXII.# aك  Z  a!07." Animalismo ă  El ser humano pertenece a la comunidad de seres vivos del planeta. Est unido por relaciones de parentesco con los dems; relaciones que imponen obligaciones de respeto en la medida en que son nexos de proximidad y que, de algCn modo, integramos una colectividad de seres emparentados y relacionados.  Tenemos, pues, un deber de amor y respeto a nuestros parientes para formar una comunidad equilibrada y no tirnica. Hay l1mites a la dominaci;n humana sobre las dems especies, a tenor de criterios de caridad y proporcionalidad.  Cuando un inter)s vital nos lleva a entrar en colisi;n con los intereses de otra especie, prevalece el nuestro (prevalece como pauta para nuestro propio obrar), siempre que ello no implique infligir torturas ni sufrimientos desmesurados. Cuando no sea as1, prevalece el respeto a nuestros hermanos inferiores (tanto ms cuanto ms hermandad biol;gica nos una con ellos).p-++&& =  eg `  Secci;n II: Tesis de Filosof1a Pol1tica    Z_ "L 08." Populismo )a Ms que surgir la calidad de la cantidad (en la c)lebre f;rmula de la filosof1a marxista), la calidad se reduce a cantidad.  Las diferencias cualitativas estriban en diferencias cuantitativas, o al menos as1 sucede en  Z muchos casos. Lo otro es un ms.  La mayor parte de las diferencias usuales son de grado, y las diferencias de grado pueden ser important1simas. De ah1 el poder de la multiplicaci;n, el del hbito, el de la frecuencia, el de la abundancia, el de la muchedumbre.  Lo importante y decisivo es la masa, la multitud de seres humanos, en la multitud reiterada de sus hechos cotidianos, en la multitud de a9os consecutivos.  Frente al papel de los individuos, hay que recalcar el de las colectividades que les dan vida y que los secundan (sin lo cual la acci;n individual es inefectiva). Frente a la visi;n procedimentalista que otorga primac1a a los esquemas de elecci;n o selecci;n de minor1as rectoras, hay que reconocer el papel preponderante de lo cumulativo, de la difusi;n masiva de ideas, de la intervenci;n directa de las propias muchedumbres.  Si la vida humana tiene valor, ser valioso que haya ms vida humana. Frente al maltusianismo, que ve como disvalioso el crecimiento demogrfico, )ste es valioso por varias razones.  " Una es la ya mencionada de que en s1 la vida humana tiene valor, y la vida mCltiple ms valor. Un mundo con ms seres humanos es ms valioso que uno con menos.#  " Una segunda raz;n es que, a ms seres humanos, a ms poblaci;n humana, ms capacidades laborales, ms obras emprendibles entre unos y otros, con lo cual ganamos todos. (La mayor oferta laboral, en muchos casos "aunque no en todos" puede generar su propia demanda, porque atrae inversiones que, si no, quedar1an improductivas.)#  " Una tercera raz;n es que, al haber ms, podemos estar ms cerca unos de otros, ms unidos "lo cual facilita el bienestar distribuido (permitiendo la vida urbana, en barrios compactos, acortando distancias, dedicando menos tiempo al desplazamiento, y facilitando unos v1nculos sociales ms amplios y variados, una profusi;n de ideas y asociaciones, una vida social ms rica y compleja).#  " Una cuarta raz;n es que s;lo la muchedumbre de consumidores crea unas salidas para la producci;n que la hacen rentable. Eso vale en una econom1a de mercado, pero tambi)n en una econom1a planificada. El planificador no dedicar recursos a una escuela, un dispensario, una biblioteca, o una red de transportes en una zona, si )sta est muy poco poblada. En cualquier sistema econ;mico, los esfuerzos que se inviertan en una actividad productiva han de generar un beneficio; en la econom1a mercantil, el beneficio es la ganancia capitalista; en la planificada, es el aprovechamiento social. Uno y otro necesitan por igual una amplia masa de consumidores del bien producido.#*=p-p-p-Ԍ " Una quinta raz;n es que los problemas demogrficos que parecen insolubles en un momento hist;rico hallan soluci;n despu)s gracias a nuevos progresos t)cnicos. La poblaci;n europea de mediados del siglo XIV hab1a tocado techo para las posibilidades t)cnicas de la )poca, cuyo ulterior desarrollo fue momentneamente frenado por el declive poblacional causado por la peste y las guerras. Al llegar ese progreso, se hizo posible una nueva multiplicaci;n demogrfica, que, a su vez, incentiv; y propuls; un nuevo desarrollo ulterior de las fuerzas productivas.#  Son esas razones las que hacen que se equivoquen los maltusianos, incluidos los ecologistas. Es verdad (y en eso llevan raz;n) que nuestro planeta es finito y que entre una especie y su medio hay una relaci;n constre9ida por leyes naturales que no permiten a la especie proliferar ms all de un l1mite. En el caso humano, desconocemos cul pueda ser ese l1mite, si 10 veces la actual poblaci;n humana, o cien o mil, entre otras cosas porque la inteligencia nos posibilita servirnos de las leyes naturales para modificar a la propia naturaleza, creando nuevas posibilidades para nuestra vida.  El error del neomaltusianismo es no ver los efectos positivos del incremento demogrfico ni los negativos del estancamiento; no ver que la mayor poblaci;n es un valor, y que lo es para cada uno de los hombres y las mujeres que forman parte de esa misma poblaci;n. Los neomaltusianos desconocen que el hombre es un valor para el hombre. No son humanistas. aك  Z n a 09." Juridicismo (rechazo del anarquismo) ă  Cualquier comunidad de seres vivos inteligentes necesita unas normas y unas autoridades. Es una regla que emana de la naturaleza misma de las cosas que tiene que haber unas normas que no emanan de esa misma naturaleza de las cosas sino de la voluntad de la autoridad que las promulga, en aras del bien comCn.  El progreso jur1dico ha llevado al Estado de Derecho: la promulgaci;n es pCblica, la autoridad rinde cuentas y est sujeta a la normativa vigente, la norma no se puede producir ni cambiar sino segCn las pautas que prevea la propia normativa, valiendo eso en la relaci;n entre individuos, grupos y estados.  Voy a defender la RepCblica como modelo de estado; pero esa defensa s;lo tiene sentido si el estado es en s1 un instrumento valioso para el bien comCn, necesitado por la naturaleza humana, la cual implica la necesidad de colaboraci;n pero no est a salvo del mal (o sea de la ciza9a o la discordia).  Este juridicismo nos lleva a estimar la obediencia al derecho como un valor positivo. Actuar de conformidad con la ley es una conducta positivamente valorable, igual que "dentro de una organizaci;n" lo es actuar respetando los estatutos y "en el plano internacional" respetando las reglas de coexistencia pac1fica.  De ah1 que sea preferible, cuando sea posible, un trnsito legal a un nuevo orden legal ms justo.  Esta concepci;n se opone a la teor1a de Marx de la dictadura del proletariado, segCn la cual el ordenamiento jur1dico existente ser1a, consustancialmente, una superestructura burguesa, emanada del sistema econ;micosocial capitalista, carente de valor desde el punto de vistaD*p-++&& proletario, y que habr1a que romper para establecer un nuevo orden estatal, llamado a extinguirse en una sociedad futura sin poder pol1tico.  Las discrepancias que tengo con ese enfoque son esencialmente dos:  1) No creo (por la raz;n apuntada) en una futura extinci;n del poder pol1tico. A lo sumo, si un d1a llegara a suceder que todos los hombres fueran como ngeles, el estado seguir1a ah1 estableciendo las reglas de convivencia pero sin tener que sancionar a nadie por incumplimiento. (Pero ninguna sociedad animal es as1.)#  2) Aunque conlleva injusticias flagrantes, el ordenamiento jur1dico existente es valioso en la medida en que sea, a grandes rasgos, respetado y rija las relaciones entre los miembros de la sociedad segCn reglas conocibles y previsibles. Para transgredirlo hacen falta razones decisivas que concurren en aquellos casos excepcionales en que est justificada la insurrecci;n o la desobediencia civil; fuera de tales casos (y fuera de otras circunstancias en que quepa hablar de leg1tima defensa), no es un motivo vlido para vulnerar el ordenamiento el mero hecho de comportar injusticias, ya que la conducta ilegal encierra automticamente un desvalor, el de, violando las reglas de la convivencia, traicionar la leg1tima confianza de los dems en que )stas se respetarn.# aك  ZO  Ra10." Republicanismo ă  La organizaci;n pol1tica de la sociedad ha de ser una RepCblica, una CosaPCblica. Ese ideal republicano "el ideal de que la sociedad, pol1ticamente organizada, sea una Cosa PCblica" tiene varios componentes:  Z  " No puede haber rangos hereditarios ni poderes vitalicios. Todo poder es responsable y ha de rendir cuentas.#  " El Estado es la propia colectividad organizada, no un ;rgano superpuesto.#  " El Estado es, pues, todosloshabitantes del territorio juntos (o sea el cCmulo que los abarca)#  " El Estado es, por lo tanto, el pueblo organizado. Si los ;rganos del Estado se desv1an, el pueblo es el rbitro ante el que habrn de responder.#  " Por consiguiente, el poder supremo reside en la muchedumbre (oclocracia), o sea en la multitud de los habitantes del territorio, ora dispersos, ora congregados.#  "El pueblo es colegislador de las normas porque, cuando los gobernados no otorgan su asentimiento a los preceptos dictados por las autoridades, esos preceptos no cobran vigencia o caen en desuso.#  " La colectividad es tambi)n la que promulga la vigencia de valores "los Valores de la RepCblica" y la que exige a cada uno acatamiento a esos valores (no una adhesi;n 1ntima, pues eso ha de ser libre).#  " El bien pCblico prevalece sobre el bien particular siempre que ese bien pCblico sea justamente entendido (porque, si se entendiera mal, el bien particular de unos se estar1a subordinando al de otros "muchos o pocos).#I)p-++&&Ԍ " Lo privado ha de ajustarse a pautas de modestia, limitaci;n y subordinaci;n al bien colectivo y a las necesidades ms apremiantes de los dems.#  " La prevalencia del bien pCblico exige, en cambio, dedicar la mayor1a de los recursos de la sociedad a la promoci;n de la riqueza colectiva y del bienestar general, en forma de servicios pCblicos: establecimientos de cultura y de estudio (como son: emisoras y publicaciones de difusi;n cultural, museos, bibliotecas, hemerotecas, filmotecas, archivos, colegios, escuelas oficiales, Universidades, observatorios, centros de investigaci;n, institutos de creaci;n art1stica y literaria, academias, ateneos, teatros, conservatorios, botnicos, ferias y exposiciones, foros de congresos); servicios funerarios; aprovisionamiento de la poblaci;n; suministro de los bienes y servicios cuyo abastecimiento requiere grandes redes centralizadas; vivienda social; cauces y medios de comunicaci;n; estafetas de correos y traslado de efectos postales; transporte pCblico de pasajeros y de bienes; obras hidrulicas y de regad1o as1 como plantas depuradoras, canalizaciones, etc; urbanizaci;n, saneamiento, alumbrado; construcci;n, administraci;n y cuidado de puertos y v1as, estaciones, lonjas y mercados, zonas de deambulaci;n y dems espacios pCblicos, as1 como instalaciones vacacionales y otras de comCn esparcimiento; administraci;n de justicia; vigilancia y salvamento (prevenci;n, contenci;n y aminoraci;n de estragos, extinci;n de incendios, instalaciones para casos de evacuaci;n y para hacer frente a diversas emergencias colectivas); salud; atenciones a discapacitados; residencias para mayores y otros albergues y centros de acogida; fbricas de moneda, fondos de garant1a, instituciones y recursos para atajar crisis financieras o quiebras de grandes empresas con grave repercusi;n social; etc.#  " Mas, si el bienestar colectivo prevalece sobre el individual, ha de reinar, en cambio "en todo aquello que no venga imperativamente exigido por el bien comCn", la mxima libertad individual, quedando amparado cada uno, frente a coacciones ajenas, para efectuar cualquier acci;n o inacci;n cuya incompatibilidad con la prosperidad pCblica no est) probada.#  " La RepCblica es un cuerpo social al que estn afiliados directamente los individuos que la integran; pero esa integraci;n no excluye la libre formaci;n de cuerpos intermedios, amparados por la valoraci;n positiva de la colectividad cuando son modos esenciales de florecimiento de la vida humana, como el matrimonio y la familia, que deber1an tener el rango de genuinas personas jur1dicas de pleno derecho.#  " Las dems personas jur1dicas de derecho privado han de ser libres en su existencia y actividades sin invadir la esfera de lo pCblico y sin cercenar la libertad individual de sus miembros. En particular, nunca han de confiarse tareas que corresponden a las administraciones pCblicas a entidades privadas (con o sin nimo de lucro).#  En relaci;n con este Cltimo punto, se ha de acoger con el mayor recelo una idea en boga que viene recomendada como la de propulsar la sociedad civil , o sea promover lo privado frente a lo pCblico. Ciertamente deber1a haber libertad de asociaci;n; mas esa libertad, como cualquier otra, tiene sus l1mites; y, en este caso, los l1mites son estos cuatro:  1 a las asociaciones privadas (lucrativas o no) nunca han de otorgrseles poderes de dominaci;n sobre los individuos que las componen;#  2 nunca han de intervenir en los asuntos pCblicos de un modo que, directa o indirectamente, pueda redundar en detrimento de los derechos de los individuos o de los de la sociedad en su conjunto;#*p-++&&Ԍ 3 nunca han de suplantar a los individuos, sino que han de mantener un carcter instrumental al servicio de los mismos y de la sociedad en su conjunto;#  4 nunca ha de ser obligatorio afiliarse (o permanecer uno afiliado) a una asociaci;n privada.#  Por otra parte, si los recursos de que dispone la sociedad han de estar administrados, en su mayor1a, por el Estado para beneficio de todos, eso deja todav1a un margen para la actividad econ;mica privada (ya sea mercantil, ya sea cooperativa, ya sea asociativa); margen que ha de disminuir cuando la administraci;n pCblica necesite efectuar una actividad de fomento o de promoci;n del bienestar de la poblaci;n y de la riqueza econ;mica del pa1s, que ya no es de servicio pCblico (porque no responde al mismo grado de necesidad colectiva), pero que, indirectamente, hace falta en aquello en que la iniciativa privada no sea suficiente o adecuada a las necesidades de la gente. A tenor de ello, la RepCblica "para ejercer su cometido al servicio de la prosperidad nacional" habr de tener sus haciendas, silos, dep;sitos, economatos, almacenes, factor1as, laboratorios farmac)uticos, astilleros, nav1os, minas, yacimientos, centrales el)ctricas, refiner1as, bloques de viviendas de alquiler, cajas de ahorro y entidades de aseguraci;n.  Para cerrar este apartado, conviene precisar que el sentido del `republicanismo' aqu1 articulado y propuesto seguramente no tiene casi nada que ver con la corriente de la filosof1a pol1tica que hoy recibe tal denominaci;n, la cual me parece insistir en lo privado ms que propiciar el bien comCn, o recalcar la promoci;n del servicio pCblico, de las prestaciones pCblicas, de la riqueza y la prosperidad colectivas, sin proponer tampoco que todos compartan equitativamente tanto el bienestar cuanto las cargas sociales. aك  Z  )a!11." Unitarismo ă  El Estado ha de ser unitario, organizado de una manera racional, planificada, aunada, con divisiones administrativas establecidas segCn criterios revisables y justificables de eficiencia y utilidad, y distribuyendo los recursos entre todos segCn criterios uniformes y objetivos. Lo que no sea eso va contra la justicia y el bien comCn.  Los recursos del Estado han de administrarse en r)gimen de caja Cnica. Es mala cualquier situaci;n de descentralizaci;n y de federaci;n "aunque sea un mal necesario en ciertos casos.  Desde luego el ideal de la RepCblica que he dise9ado es compatible (hasta cierto punto) con el federalismo; pero lo es como lo son dos principios antit)ticos entre s1 que coexisten mal que bien. En la medida en que se cumple ese ideal republicano, hay Estado unitario. En la medida en que la RepCblica se divide en cantones (comunidades aut;nomas o comoquiera que se llamen), o sea unidades territoriales de derecho propio "refractarias a la soberan1a popular, y provistas de su propia hucha", en esa medida no hay un cuerpo pol1tico de todos los habitantes de la RepCblica unidos por la relaci;n de fraternidad y de solidaridad, sino que cada cant;n tira por lo suyo "aunque tal vez se aplique luego alguna regla correctora para compartir las sobras.  Por esa pendiente se llega al absurdo: los del cant;n A no aceptan transvasar agua para los del cant;n B, ni )stos quieren abrir sus sanatorios indistintamente a los enfermos del cant;n A. Hay cantones ricos y cantones pobres. Los empleos en cada cant;n son para los nacidos en )l. Y as1 sucesivamente. (Todo eso ya lo estamos padeciendo en Espa9a con las malhadadas autonom1as.)*p-++&&Ԍaك  Zg  ea12." Justificativismo ă  La RepCblica que he dise9ado como un estado justo no implica necesariamente ninguna organizaci;n pol1tica determinada, salvo que, evidentemente, es incompatible con la monarqu1a. Podr1a ser una repCblica meritocrtica o una democrtica (ya sea de democracia participativa, electiva, representativa etc.).  El r)gimen pol1tico que me parece preferible para una RepCblica justa es el de la democracia justificativa, la cual difiere de la electiva en seis importantes rasgos:  1) Cada elector (o sea, cada miembro del pueblo soberano) ha de ejercer su parte de poder justificando sus opciones.#  2) Han de establecerse mecanismos que aseguren que es lo ms amplio posible el abanico de opciones que se ofrecen a cada elector; que ese abanico contiene todas las alternativas significativas y relevantes para la convivencia (o, si no todas, las ms posibles).#  3) La elecci;n de mandatarios est organizada de modo que el pueblo soberano acuda a los comicios como un cuerpo unitario.#  4) Las organizaciones privadas "que se interponen entre el individuo y el pueblo soberano" estn sujetas a una regulaci;n que cercene su poder, impidiendo que suplanten, mediaticen o manipulen al electorado popular.#  5) Al pueblo soberano corresponde decidir por plebiscito todas las cuestiones ms importantes (legislaci;n bsica).#  6) El poder de los elegidos est sometido al control jurisdiccional de cumplimiento de sus promesas, al plebiscito revocatorio por iniciativa popular, a plazos cortos de duraci;n del mandato y a prohibici;n de reconducci;n en el cargo.#  A tenor de la primera condici;n, cada elector habr de motivar su voto (en la casilla correspondiente). Es incongruente decir que toda decisi;n de cualquier poder pol1tico ha de estar motivada y otorgar al elector un derecho a no motivar su opci;n. La motivaci;n es compatible con que el voto sea secreto (an;nimo), aunque en rigor el anonimato s;lo es deseable en un  Z estado en que reina la inseguridad y se consienten las coacciones. El desideratum razonable es que se deje atrs ese anonimato y que cada uno suscriba y defienda su opci;n.  A tenor de la segunda condici;n, ha de garantizarse no s;lo alguna pluralidad de opciones, sino la pluralidad mxima mediante procedimientos regulatorios como los que, en el mbito del derecho mercantil, obligan a las empresas a competir con ofertas genuinamente alternativas. Si hay varias ofertas electorales similares y si, en cambio, no figuran otras ofertas concebibles y deseables (desde determinados puntos de vista), es que no est funcionando bien el tribunal regulador de defensa de la libertad del elector, que ha de imponer a los partidos escindirse en varios con ofertas alternativas suficientemente dispares.  A tenor de la tercera condici;n han de suprimirse las circunscripciones electorales, que, adems de ser arbitrarias (en mayor o menor medida), tienden a causar una discriminaci;n (con subrepresentaci;n de unas respecto a otras); y, aunque as1 no fuera, trocean, en cualquier caso,P)p-++&& lo que ha de ser una elecci;n conjunta y unitaria. As1, adems, se evitar la votaci;n clientelista y neocaciquil, cuyo caldo de cultivo lo constituyen las peque9as circunscripciones.  A tenor de la cuarta condici;n, un tribunal regulador ha de prohibir a un partido acaparar una cuota excesiva de la votaci;n (que podr1a fijarse en el 10% o cualquier otra que se conviniera como razonable), evitando as1 el oligopolio, e imponiendo la partici;n para que ninguna fuerza pol1tica detente un poder desmesurado del cual pueda abusar. Las listas tendrn que ser siempre abiertas, siendo as1 libre cada elector de rechazar a cualquier candidato.  Adems, habr que tomar medidas (legislativas y jurisdiccionales) contra los modos de funcionamiento que hacen hoy del mandatario un representante de su formaci;n pol1tica y no del pueblo, escamoteando la deliberaci;n de las asambleas al sustituirla por los acuerdos negociados de las juntas de portavoces. En las asambleas no deben constituirse grupos de adscripci;n, sino que cada individuo ha de actuar con independencia y responsabilidad individual frente a los electores. Asimismo, deber1an reducirse estrictamente los gastos de las campa9as electorales, prohibi)ndose cualquier propaganda exagerada y dispendiosa.  Y, por Cltimo, un tribunal ha de velar tambi)n por que, en el interior de los partidos, se aseguren efectivamente la democracia y los derechos de los afiliados, garantizndose una presencia proporcional de las sensibilidades minoritarias en los ;rganos directivos. (Bastar1a  Zc aplicar a los partidos la legislaci;n de las sociedades an;nimas, mutatis mutandis.)  A tenor de la quinta condici;n, todas las leyes bsicas han de presentarse a ratificaci;n popular mediante consultas regulares (una cada cuatrimestre, p.ej, con un cuestionario relativo a esas diversas propuestas). Si los electores se cansan, podr1an votarse leyes de delegaci;n de funciones legislativas a las asambleas para per1odos limitados. El gasto no ser1a elevado, dado lo que se ahorrar1a en las campa9as electorales.  A tenor de la sexta condici;n, un elegido del pueblo pasa a ser parte en un contrato, una parte sujeta a responsabilidad contractual, con clusula de arrepentimiento del elector, clusula penal por incumplimiento y medidas precautorias para evitar fraude o abuso de posici;n dominante (o sea un derecho contractual tuitivo). Todo elegido del pueblo ostenta as1 un mandato imperativo en coherencia con la motivaci;n expresada por los electores.  S) que todo eso es, hoy por hoy, ut;pico, no porque sea irrealizable, sino porque no hay aCn una opini;n favorable a tales proyectos (hasta el punto de que algunos de esos rasgos no han sido probablemente propuestos todav1a por nadie).  Habr que esperar. Pero no es justa una democracia que no sea as1. No es justo el poder del elector de optar porque s1 entre opciones determinadas por los c1rculos pol1ticos establecidos y, por a9adidura, de tal modo que no haya control alguno del cumplimiento hasta la siguiente elecci;n, varios a9os despu)s; la cual ser, de nuevo, una opci;n entre ofertas alternativas fijadas Cnicamente por los mismos c1rculos pol1ticos oligop;licos. aك  Z&  a13." Naturalismo pol1tico ă  La cultura tiene su propia naturaleza: es natural "en la cultura humana" lo que es ms masivo, espontneo y de ra1ces ms hondas, aquello que es menos producto del arbitrio o delU)p-++&& artificio de algunos. (Desde luego, eso viene por grados.) La organizaci;n pol1tica ha de respetar la naturaleza aun para cambiarla.  De ah1 que "a la espera del Estado Mundial" haya que preconizar Estados naturales, comunidades de naturaleza, y uniones integrativas interestatales tambi)n naturales (principalmente lingG1sticas).  La raz;n de esa preferencia por las uniones pol1ticas naturales es que, para que el Estado sea la configuraci;n jur1dicamente organizada de un pueblo, ese pueblo, como persona moral, no puede venir creado por esa misma organizaci;n pol1tica, sino que ha de poseer una entidad preexistente y ms honda. En suma, aunque el Estado no es una superestructura de la sociedad, tampoco tiene sentido que la propia sociedad sea un mero producto de la organizaci;n estatal; no tiene el sentido que han tenido hist;ricamente los estados, como configuraciones de los pueblos.  Es natural una comunidad pol1tica cuando el pueblo as1 organizado est aglutinado por nexos profundos y antiguos, por v1nculos de identidad lingG1stica (o, al menos, de parentesco entre lenguas de una misma familia), por la memoria colectiva de hechos pasados de muchas generaciones, por la tradici;n continuada de convivencia en un territorio (no forzosamente contiguo "aunque tambi)n sea )se un factor a tener en cuenta).  Hay tanta ms naturalidad en una uni;n pol1tica de hombres y mujeres cuanto ms fuertes sean esos lazos, o sea: cuanto ms verdad sea que constituyen un pueblo, lo cual depende de cun acusada sea la unidad del territorio que habitan en comCn, cun natural sea la demarcaci;n geogrfica de ese territorio respecto de sus vecinos, cun fuerte sea la unidad lingG1stica, cun estrechas sean las relaciones de intercambio entre unos y otros y cuntos hechos hist;ricos y culturales vengan vehiculados por la memoria y el imaginal colectivos "que constituyen un patrimonio comCn, simbolizado por las reliquias de ese pasado que nunca lo es del todo.  Es poco recomendable, pues, que se afiancen las entidades pol1ticas decretadas por arriba (como la bab)lica Eurolandia dise9ada por tecn;cratas y c1rculos financieros) o que se perpetCen estados artificiales, tanto ms cuanto ms alejados est)n de esos rasgos de naturalidad, siendo fruto de irredentismos de sal;n, en parte ficticios, que han prosperado por circunstancial ventura (como el Vaticano, Israel, Ucrania o Paquistn), salvo "desde luego" cuando la correcci;n de la injusticia hist;rica que supone su existencia acarrear1a mayores males.  Dec1an los estoicos que la sabidur1a estriba en vivir conforme a la naturaleza. La sabidur1a pol1tica estriba en vivir segCn esa segunda naturaleza de los pueblos, la naturaleza cultural.  Notemos que ese naturalismo pol1tico no significa en absoluto que los pueblos, que son entidades naturales (en ese sentido de segunda naturaleza que es la cultura arraigada), sean colectividades esencialmente de sangre, en las que el v1nculo gen)tico ser1a lo decisivo, con referencia a unos antepasados comunes. No hay tal. Cualquier pueblo es una amalgama racial; y, adems, cuanto ms suceda as1, mejor! (Es valiosa la mezcla y fusi;n de gentes, de transfondos y or1genes diversos, porque enriquece en todos los aspectos a cualquier poblaci;n humana.)  As1 pues, lo que excluye ese naturalismo es la pretensi;n de que una ciudadan1a se constituya (como una asociaci;n) por un acto de voluntad colectiva, por un pacto fundador o refundador de un Estado. El pacto carece de sentido "y de validez" sin una colectividad tradicionalI*p-++&& preexistente unida por relaciones de convivencia (simbiosis), como las de memoria hist;rica compartida, lengua y cultura (no forzosamente mismidad lingG1sticocultural). aك  Z  a14." Planificacionismo ă  Planear es actuar racionalmente. Una cosa es obrar voluntariamente y otra muy distinta obrar deliberadamente, o sea segCn un plan preestablecido.  Un plan es una intenci;n (que uno ha adoptado tras deliberar consigo mismo) de llegar a unos fines (o de esforzarse uno por conseguirlos), a trav)s de una serie de medios; para lo cual decide uno de antemano tomar, cuando llegue el caso, las decisiones oportunas.  Obra uno con libre voluntariedad cuando actCa segCn sus propios planes. Una decisi;n improvisada, que no corresponde a planes de vida, es un acto de voluntad, pero no un ejercicio de la libre voluntariedad (puede deberse a miedo, arrebato u obcecaci;n momentnea o a cualquier causa que aminora la responsabilidad de la conducta, como una perturbaci;n mental transitoria; y, aun sin darse esos factores, puede venir tomada de manera irreflexiva).  Eso que vale para la acci;n de los individuos vale tambi)n para la de los colectivos, y entre ellos los pueblos. Un pueblo actCa con libre voluntariedad cuando organiza su vida segCn unos planes. Como las decisiones colectivas requieren venir adoptadas por unos ;rganos representativos, esos planes habrn de promulgarse por una junta directiva; pero son planes de la sociedad en su conjunto cuando )sta les da su anuencia y su concurso, aceptndolos y ajustndose a ellos.  Vivir segCn unos planes de vida es el ejercicio de la verdadera vida humana, racional, deliberada, con libre voluntariedad y no esclava de los arranques de la ocasi;n, de los caprichos de la fortuna, de las corazonadas y las veleidades. Eso es as1 para los individuos, los grupos y la sociedad en su conjunto.  Eso que vale en general vale en econom1a. Una econom1a racional es aquella en la que los dirigentes trazan unas metas por alcanzar (de producci;n y distribuci;n), determinando, a tal fin, unos medios; la poblaci;n adopta (con entusiasmo o sin )l) tales pautas; y la sociedad trabaja con ese gui;n.  Una econom1a racional excluye, pues, el mercadeo, el juego de oferta y demanda, la actuaci;n a ciegas de cada uno sin atender a ningCn plan de conjunto. En suma, son antit)ticas la econom1a racional (planificada) y la econom1a de mercado.  La econom1a de mercado es un absurdo. Es falaz la tesis de Adam Smith de que, buscando en el mercado cada uno lo suyo sin atender a ningCn fin social, por arte de birlibirloque una especie de mano invisible se viene a interponer para que, de ese ego1smo disperso, resulte la prosperidad general. No hay prueba l;gica de tan disparatada paradoja que los hechos se encargan de desmentir.  Pero s1 es verdad que el desatino mercantil no siempre produce crisis, atolladeros, exceso de tal mercanc1a donde no hace falta y defecto de la misma donde la necesitan. Unas veces s1, otras no. El mercado es una loter1a, un juego de azar. Pero acudir a la loter1a es confiar en una estrella ciega e irracional.)p-++&&Ԍ Hay una explicaci;n para los presuntos )xitos de la econom1a de mercado (la cual, de existir, un 50% de las veces arrojar1a un resultado general medioaceptable y un 50% de las veces uno horrendo). La explicaci;n es que la econom1a de mercado no existe. Ni ha existido nunca.  El capitalismo real tiene algo de econom1a de mercado (ra1z de sus males); pero, felizmente!, tiene tambi)n mucho de planificaci;n, aunque sea (por desgracia) una planificaci;n oligrquica, en la que los mandamases de unos cuantos oligopolios concluyen acuerdos "expresos o tcitos, entre s1 o con las autoridades"; acuerdos que sirven de plan econ;mico (aunque generalmente opaco, no sujeto a pCblico escrutinio ni, menos, a debate; y que se hace pasar como si no existiera). Gracias a esos planes, aunque sean secretos, la econom1a funciona con un m1nimo de encauzamiento, se van capeando los temporales y no nos hundimos en el precipicio.  Que haya planificaci;n no significa necesariamente que se est) planificando bien. Igual que el que un individuo actCe segCn unos planes de vida no quiere decir que )stos sean sensatos o forzosamente conducentes a su propia felicidad a largo plazo. Pero actuar sin plan, a lo que salte, es estar por debajo de las posibilidades de nuestra especie, es no estar a la altura de la inteligencia que nos ha dado la Madre Naturaleza. Cuando uno actCa segCn planes de vida "y no al buen tuntCn de los impulsos repentinos", tiene posibilidad de aprender y de corregir.  Similarmente, un d)spota investido de poder planificador tender a planificar por el bien comCn; un poco porque el hbito hace al monje; un poco porque ese d)spota ir sintiendo la necesidad de procurar el consentimiento de los gobernados (que se amolden al plan y no se resistan a su ejecuci;n); y un poco porque, aun en la sociedad ms desp;tica, opera alguna forma de rendici;n de cuentas, por difusa y abstracta que sea.  Es malo que haya despotismo; pero no es cierto que la planificaci;n s;lo vale cuando el sistema pol1tico es democrtico; entre otras cosas por lo relativo que es eso. En realidad es dif1cil imaginar un planificador tan torpe o mal)volo que su direcci;n planificadora pueda ser ms funesta que la anarqu1a del mercado. Casi es verdad que el peor planificador es mejor que ninguno.Rp-++&& =  eg u  Secci;n III: Propuestas Prcticas    Z_   15." Evolucionismo (o reformismo) )a Si vivir segCn la naturaleza es la clave de la sabidur1a, en la vida social y jur1dica ello significa que han de ajustarse a una pauta de respeto a la naturaleza todas las instituciones humanas, y las decisiones de cada uno en el marco de tales instituciones.  Respetar la naturaleza no significa, empero, que lo que venga dado naturalmente haya de permanecer inalterable. Nada de eso. Mas, para trasformarlo y mejorarlo, hay que tratarlo con cuidado y sin violentarlo.  Ajustarse a la naturaleza misma de las cosas involucradas es un principio de sabidur1a pol1tica y jur1dica que tiene muchas facetas. Una de ellas es que cualquier labor de transformaci;n social ha de partir de una sociedad constituida, con esa segunda naturaleza de la cultura, una tradici;n, unos prejuicios, unos hbitos de conducta social.  La revoluci;n pretende alterar el estado de cosas existente mediante un sCbito cataclismo que transmute la sociedad de arriba abajo para que, sobre los escombros del edificio derruido, se erija uno mejor.  En realidad, las revoluciones reales no son eso que pretend1an ser. Pueden haber comportado momentos de demolici;n del estado de cosas existente; pero inevitablemente, a la hora de la edificaci;n, retoman la marcha evolutiva que las hab1a precedido, tras haber reconstruido parte de la obra que previamente hab1an derribado.  Muchas veces esa inevitable deriva lleva a la decepci;n de los revolucionarios; pero )sta s;lo revela cun fantsticas eran las ilusiones perdidas. Las revoluciones s;lo son, y s;lo pueden ser, momentos lgidos del proceso evolutivo de la sociedad.  Ese principio de la naturaleza de las cosas determina, pues, que la tarea de llevar a cabo un hondo cambio social ha de abordarse tratando con cuidado los hbitos sociales, alterables "ciertamente" por la evoluci;n, pero dif1cilmente desechables a voluntad del gobernante o de la fracci;n social que en un momento dado se haga con el poder pol1tico.  No se puede ni se debe forzar la evoluci;n gradual y paulatina. La tradici;n ha de vencerse adaptndose a ella y tolerndola hasta cierto punto.  Si es as1 incluso para los reg1menes que aspiraban a ser revolucionarios, eso nos hace relativizar la importancia de establecer tales reg1menes. En ciertas coyunturas hist;ricas, puede ser necesario o, al menos, conveniente (con tal que sea posible); pero en general favorecer el progreso hacia la igualdad social no pasa por el establecimiento de un determinado poder pol1tico.  Se vence en la lucha por la igualdad social obligando al adversario en el poder a ir introduciendo, poco a poco, las reformas que van en esa direcci;n. Hasta los ms hostiles al ideal de igualdad social de hecho van tomando medidas en tal sentido, aunque luego intenten dar cruelmente marcha atrs (cual hacen ahora los c1rculos econ;micos neoliberales).  Prueba de ello es que en cualquier pa1s capitalista los fondos que manejan las administraciones pCblicas se acercan a la mitad del porcentaje del PIB (producto interno bruto,F,=p-p-p- o sea la riqueza producida en un a9o), superando a menudo esa barrera. Lo cual significa que s;lo la mitad de la riqueza social es exclusivamente privada.  Desde luego es verdad que una parte de los fondos disponibles por las administraciones pCblicas no van dirigidos al bienestar social (gastos militares, remuneraci;n de altos cargos, boato dinstico, propaganda e intoxicaci;n, espionaje, acoso pseudosecuritario y muchas otras actividades inCtiles o nocivas). As1 y todo, la mayor parte va a obras y servicios de inter)s pCblico (aunque no en proporci;n a su grado de inter)s social, ni much1simo menos).  Si ya hoy se ha conseguido eso, podemos seguir avanzando. Donde el porcentaje del PIB pCblicamente administrado sea del 47, la lucha social puede elevarlo al 48 %. Donde sea el 48, al 49%. Donde sea el 62 %, podemos luchar para subirlo al 63%. Ninguno de tales cambios es revolucionario. Y el Cnico tope es llegar al 100%.  Para incrementar el porcentaje del PIB pCblicamente administrado, no parece inviable, en principio, ir arrancando (a trav)s de la lucha) reformas como las nueve siguientes:  " hacer al impuesto sobre la renta much1simo ms progresivo (sin escalones y con una f;rmula de incremento continuo del tipo impositivo, sin dejar de respetar estrictamente el principio de noconfiscatoriedad);#  " establecer paulatinamente la progresividad para otros tributos: los impuestos indirectos (como el IVA) y el impuesto de sociedades;#  " desprivatizar las empresas cuya mala gesti;n cause serios perjuicios sociales o econ;micos;#  " sustraer totalmente al sector privado las funciones de control y vigilancia, auditor1a, inspecci;n, certificaci;n y acreditaci;n, la expedici;n de t1tulos acad)micos y cualesquiera otras similares; todas ellas han de ser servicios pCblicos estrictos y exclusivos;#  " obligar a las compa91as privadas a una cuota obligatoria de empleo segCn su volumen de negocios, con sanci;n expropiatoria;#  " tomar ms en serio el principio (constitucionalmente reconocido) de la funci;n social de la propiedad, imponiendo a los empresarios "y a los due9os de grandes fortunas" estrictas obligaciones de inversi;n productiva para satisfacer las necesidades sociales, y dejando a los propietarios optar por la expropiaci;n voluntaria de sus riquezas y explotaciones a favor del Estado;#  " restablecer la pena de confiscaci;n de bienes para los delitos econ;micos de suma gravedad;#  " impulsar y proteger la iniciativa pCblica en todos los sectores en que ello resulte provechoso, sea para crear o mantener ms puestos de trabajo, sea para intensificar la competencia, sea para satisfacer mejor la demanda potencial de consumidores y usuarios;#  " promulgar que la urbanizaci;n vuelva a ser un monopolio pCblico (como en Espa9a lo hab1a sido hasta la ley franquista del 12 de mayo de 1956, cuyos lineamientos han perdurado en la normativa posterior);#  " establecer una amplia red de vivienda pCblica en alquiler.#'p-++&&Ԍ Ninguna de esas metas parece quim)rica. De hecho, varias de ellas han sido ensayadas en parte por los reg1menes ideol;gicamente capitalistas en la segunda posguerra mundial (lo cual posibilit; la gran expansi;n econ;mica de un cuarto de siglo).  A todas esas consideraciones generales, a9dense hoy las circunstancias de la coyuntura hist;rica que vivimos, al haber vencido el capitalismo en la guerra fr1a (aunque, segCn lo acabamos de ver, pagando el precio de ya no ser, en rigor, capitalismo, sino un h1brido; y, adems, habiendo escapado a la catstrofe s;lo gracias a ir adoptando "forzado y un poco a la chita callando" muchos ingredientes de colectivismo no declarado). El campo de los estados nocapitalistas de Europa oriental fue vencido, a la postre, por la aplastante superioridad de la coalici;n atlntica, que supo instrumentalizar "con )xito e inteligencia" los motivos del descontento interno.  En esta etapa hist;rica de comienzos del siglo XXI no son posibles ni la v1a insurreccional ni la transici;n parlamentaria (que nunca fue sino una ilusi;n, imposibilitada por los mecanismos ocultos que desvirtCan el juego electoral, convirti)ndolo generalmente en una farsa manipulada). En el mundo de hoy, ni las fuerzas genuinamente antisistema tienen posibilidad alguna de acceder al poder por v1a electoral ni puede producirse en parte alguna (salvo excepci;n) un levantamiento popular con fundadas esperanzas de triunfo. (Lo cual, adems, suscita otro problema: el de la injusticia de una rebeli;n condenada al fracaso y el peligro de que degenere en lucha fratricida.)  Existen tales excepciones, sin embargo (p.ej hoy la insurrecci;n popular antimonrquica en el reino de Nepal y la resistencia patri;tica del pueblo mesopotmico contra la ocupaci;n estadounidense). Han de ser apoyadas esas revoluciones localizadas en tal o cual zona de la superficie terrquea, cuando son posibles y necesarias; forman parte del proceso evolutivo, aunque ms como excepciones que como regla.  Y es que (como lo supieron ver los clsicos de la filosof1a jur1dica espa9ola del siglo de oro) un levantamiento se justifica s;lo en circunstancias de lucha popular contra una tiran1a insufrible, y eso con tal que se cuente con varias condiciones necesarias, como son: una direcci;n respetada y prestigiosa (o una posibilidad razonable de constituirla); un amplio consenso de masas a favor de la rebeli;n; un horizonte de victoria en un tiempo razonable (para que no se eternice el combate, con las derivas que ello acaba provocando); una prueba patente de la necesidad de la insurgencia, que sea clara a los ojos de vastos sectores de la opini;n; una conducci;n inteligente de las operaciones insurreccionales, acompa9ada del ofrecimiento de v1as de adhesi;n a los sectores dubitativos y de la erosi;n y el aislamiento del poder tirnico.  Lo esencial es que tomar el poder no es el medio generalmente adecuado para marchar hacia una sociedad sin propiedad privada, hacia una sociedad que distribuya la riqueza social segCn las necesidades de cada uno y exija a cada quien contribuir al bien comCn segCn sus capacidades. aك  Z'  a!16." Mundialismo ă  Un estado es una soberan1a territorial, o sea la organizaci;n pol1tica de la poblaci;n de un territorio que ejerce el mximo poder compatible con la convivencia internacional.X)p-++&&Ԍ C;mo surge esa soberan1a estatal? Para unos, el Estado no es sino el territorio, con su poblaci;n como titular colectivo del mismo. Para otros autores el territorio es el patrimonio territorial del Estado, el cual es, ante todo, una organizaci;n de hombres con poder sobre hombres, y s;lo indirectamente sobre la tierra que )stos habitan.  Frente a esas teor1as, para otras (en la l1nea del internacionalista franc)s Georges Scelle) el territorio es el mbito de la competencia o jurisdicci;n estatal, vini)ndole conferida esa competencia por la comunidad internacional. Esa controversia est relacionada con la que opone a quienes otorgan al reconocimiento jur1dicointernacional un carcter constitutivo de la legitimidad o soberan1a estatal y a quienes no dan a ese reconocimiento otro valor que uno confirmatorio o hasta puramente cognoscitivo.  Opto por la tesis de Georges Scelle. Originariamente la soberan1a "el poder pol1tico de unos hombres sobre otros y sobre el territorio donde habitan" corresponde a la humanidad en su conjunto, siendo el planeta Tierra el territorio de tal soberan1a universal. (sa es la comunidad originaria, la cual delega luego ese poder a los pueblos que se reparten entre los diversos territorios; una delegaci;n condicional y limitada, porque permanece por encima el inter)s superior del g)nero humano.  As1, un pueblo no tiene derecho a erigirse en Estado independiente por su voluntad colectiva ni por el simple hecho de constituir una poblaci;n establemente afincada en un territorio. Para que la apropiaci;n de un territorio sea l1cita es menester que )ste carezca de due9o. Mas si la humanidad es due9a del planeta, s;lo la humanidad puede conferir legitimidad a la apropiaci;n territorial colectiva.  En la medida en que (mal que bien) la humanidad est) representada de algCn modo por un orden jur1dicointernacional (un concierto interestatal articulado diplomticamente), no se llegar a la plena soberan1a estatal mientras no se haya ganado el consentimiento jur1dicointernacional para el nuevo Estado.  La soberan1a no surge, pues, de la mera autodeterminaci;n colectiva de una poblaci;n. Una autodeterminaci;n s;lo es leg1tima cuando es la decisi;n l1cita de una sociedad a la que la opini;n pCblica ilustrada otorga fundadamente la denominaci;n de `un pueblo' en el pleno sentido de la palabra: una poblaci;n cuya identidad separada y netamente diferenciada de cualquier otra estriba en datos incuestionables de la geograf1a, la lengua, la cultura, la historia y la vida general de las poblaciones, y cuya inclusi;n en aquel otro conjunto ms amplio del que desea desgajarse fue el resultado de la conquista o del arbitrio e implicaba una relaci;n de sumisi;n, sojuzgamiento o desigualdad. Adems, para ser l1cita la autodeterminaci;n ha de hacerse:  " respetando los derechos de los individuos y de las colectividades (especialmente de las minor1as integradas en esa misma poblaci;n que se autodetermina);#  " respetando tambi)n los derechos de los dems seres humanos, principalmente su derecho a emigrar e inmigrar libremente;#  " no causando males mayores que aquel que se querr1a superar;#  " cumpliendo los convenios concertados con otras poblaciones vecinas (p.ej. un pacto de uni;n perpetua no se puede romper; y ese pacto puede entablarse, como cualquier contrato, por la)p-++&& v1a consuetudinaria, en virtud del principio jur1dico de que nadie puede ir contra sus propios actos).#  En decenios recientes los pueblos sometidos al yugo colonial, alzados contra los colonizadores, defendieron, con sobrada raz;n, su derecho de autodeterminaci;n y de soberan1a sobre su territorio y sus recursos naturales. Desde ese momento, propugnaron un soberanismo radical, que ver1a en el propio acto colectivo de emancipaci;n, en la mera voluntad popular, el Cnico fundamento de esa soberan1a, a fin de que )sta escapara a cualquier tutela o mediatizaci;n de una comunidad internacional manipulada por las potencias coloniales y sus socios.  Comprendiendo y respetando esas motivaciones, hay que decir que, ms all de esa circunstancia hist;ricamente circunscrita, el soberanismo pasa a ser un absurdo, cuya aplicaci;n llevar1a a otorgar a la poblaci;n de Niza, a la de Marbella o a la de una colonia de chalets de lujo el derecho de autodeterminaci;n soberana, cuando estn ausentes todas las condiciones de legitimidad y licitud que he enumerado  Por otro lado, el establecimiento de estados mCltiples e independientes entre s1 ha de verse como un mal transitorio, porque la meta a la que hay que tender es la RepCblica Planetaria.  La soberan1a estatal no la establece la poblaci;n de un territorio por su simple decisi;n colectiva, sino s;lo por el consentimiento de la sociedad internacional de los Estados. Eso no significa, sin embargo, que, cuando aCn no haya recabado tal consentimiento, esa poblaci;n "habiendo ya instaurado de hecho su independencia por una v1a insurreccional" haya de carecer completamente de soberan1a pol1tica.  Lo que sucede es que )sta (como casi todo) se da por grados; y el grado pleno s;lo se logra con el citado consenso internacional; antes de alcanzarlo, ese pueblo est en v1as de establecer un nuevo estado, con un grado inferior e incipiente de soberan1a, variable segCn la medida en que concurran circunstancias que justifiquen esa insurrecci;n: causa justa, motivaci;n suficiente, agotamiento de caminos de dilogo, genuino respaldo popular y razonables expectativas de ulterior reconocimiento internacional. A salvo de lo cual, hay que insistir en que ese reconocimiento es de veras constitutivo de la soberan1a, y no una mera ceremonia de solemnidad; mas el reconocimiento constitutivo no tiene forzosamente que ser previo a la independencia de hecho (como p.ej. Hait1, 1804).  Esa aclaraci;n nos hace ver que hay a menudo una colisi;n entre la soberan1a nacional y las demandas o exigencias de la comunidad mundial. (stas han de prevalecer cuando reflejan el bien de la humanidad, mas es menester, para que as1 sea, que tales demandas o exigencias cumplan varios requisitos:  " entrar en la esfera leg1tima de intervenci;n en los asuntos de ese estado;#  " estar debidamente motivadas por requerimientos de la paz y de la cooperaci;n internacional;#  " ajustarse a cnones de proporci;n, igualdad de trato entre estados (no discriminaci;n arbitraria), legalidad, seguridad jur1dica y procedimentalidad reglada (aunque sea s;lo en virtud de reglas consuetudinarias);#  " no constituir actos de abuso de poder.#  Para cerrar ya este apartado, hay que se9alar que, si los estados dispersos y mCltiples son leg1timos (mediando el consentimiento universal) en tanto en cuanto no sea factible una forma*p-++&& de uni;n pol1tica del g)nero humano ms cohesionada que la de la sociedad interestatal, dejarn de serlo cuando sea posible la RepCblica planetaria, Cnica organizaci;n pol1tica de veras plenamente justa, porque:  " es la Cnica en la que puede tener vigencia completa el valor de la hermandad de todos los seres humanos;#  " la Cnica que supera las secuelas de las violencias y de la arbitrariedad que muchas veces han marcado las fronteras (cuando no lo han hecho las desigualdades del azar geogrfico);#  " la Cnica que pone fin a los conflictos fronterizos para toda la vida;#  " la Cnica que puede administrar, en beneficio igualitario de todos, el patrimonio de la humanidad, nuestro Planeta.#  Para concluir este apartado, he de insistir en el derecho individual de migraci;n. He se9alado ms arriba que, entre los derechos que ha de respetar un pueblo que desea ejercer su autodeterminaci;n sobre un territorio, est el de los dems humanos a ir y venir, y concretamente a optar por vivir en ese mismo territorio (tesis que ya defendi; el fil;sofo espa9ol del siglo XVI P. Francisco de Vitoria). Y es que, al constituirse en Estado independiente, un pueblo est compartiendo una herencia cultural, no gen)tica; por ello, su identidad no viene amenazada por la incorporaci;n de inmigrantes, la cual, al rev)s, la revitaliza y refuerza, ampliando e intensificando esa convivencia y aportando nuevos elementos al patrimonio humano y cultural comCn; pero, para que tal incorporaci;n sea una genuina integraci;n, ha de evitarse no s;lo cualquier tipo de discriminaci;n, sino tambi)n un multiculturalismo, o sea: una yuxtaposici;n de culturas en mera coexistencia (que no es convivencia, la cual se da entre los individuos, que son los que viven).  Esa llegada de otros hombres (y mujeres) de fuera es, pues, una riqueza para uno mismo. La inmigraci;n es una contribuci;n al propio bienestar. Cuantos ms, mejor. Cuanto ms juntos y menos aislados estemos, mejor. Cuanta ms masa, mejor. aك  Z*  a"17." Comunismo ă  S1gase o no, l;gicamente, de las tesis ya sustentadas en este ensayo la mxima de que todos los bienes han de ser comunes, deseo defender esa mxima (al menos como propuesta a largo plazo).  Cualquier propiedad privada es injusta. La propiedad es el dominio, el poder del due9o de usar, disfrutar y deshacerse de un bien (dentro de ciertos l1mites, incluidos sus propios compromisos).  En el comunismo el Cnico propietario es la comunidad de todos. Nadie es due9o exclusivo de nada, pero cada uno es codue9o de todo. Ese codominio colectivo significa que el Cnico titular de la propiedad es la sociedad en su conjunto, mas, como miembro de la misma, cada uno tiene ciertos derechos consustanciales e innatos a participar en el uso y disfrute de los bienes, segCn pautas reguladas para respetar los derechos de los dems.  La propiedad no es la posesi;n. El comunismo no significa la posesi;n comCn de todo. Una casa que es propiedad comCn de los cuatro Hermanos P)rez puede tener un uso adjudicado a?*p-++&& uno o a otro de ellos, o uno rotativo, o repartido "aunque eso ser revisable por la comunidad fraterna con tal que se respeten los intereses de todos. As1 la propiedad en mancomCn de la casa no implica posesi;n mancomunada, sino que )sta puede estar distribuida.  S) que la frontera es relativa. NingCn r)gimen de propiedad privada puede reconocerla absoluta, y desde luego hoy no lo es. NingCn r)gimen de propiedad comCn puede prescindir de ciertas posesiones repartidas de ciertos bienes (una morada, ajuar, objetos de uso personal "lo que en la jerga marxista se llamaba `medios de consumo', aunque no todos"). Y hay un deslizamiento de lo uno a lo otro, porque la demarcaci;n jur1dica de esos dos conceptos es un poco borrosa.  Sin embargo, igual que, en caso de desavenencia, pueden caducar las concretas adjudicaciones posesorias del bien comunal de los Hermanos P)rez "revirtiendo )ste a la comunidad fraterna para nuevas asignaciones ms equitativas", similarmente, para salvaguardar la equidad y el provecho de todos, est sujeto a plazos y condiciones el reparto posesorio de bienes de uso particular en una sociedad comunista. aك  Z  a18." Antiimperialismo ă  Cuando se aborda una tarea, es una buena regla metodol;gica la de descomponerla en partes "como suger1a Descartes", para irla ejecutando paso a paso. Ello es acorde tambi)n con el gradualismo aqu1 defendido.  La evoluci;n de la sociedad hacia las metas aqu1 delineadas ser efecto de la lenta erosi;n de las instituciones al servicio de los clanes privilegiados, a medida que se vaya ganando la batalla de la opini;n pCblica (pese al monopolio de los medios de comunicaci;n en manos de los grupos financieros).  Trabajar para que eso se vaya produciendo constituye una tarea tan vasta y dispersa que escapa a cualquier organizaci;n y planificaci;n. No escapa, empero, a la previsi;n. Hemos de ver en qu) partes ser1a razonable descomponer esa inmensa tarea.  Siguiendo la mencionada regla de Descartes, ser1a bueno "al abogar por esos cambios" ir contrarrestando, uno por uno, los obstculos al mismo. Dedicar primero la cr1tica a un obstculo, luego a otro y as1 sucesivamente. Por cul empezar?  Suponiendo que los podamos ordenar en una serie, lo haremos segCn un criterio. Uno de los criterios ser1a el grado de obstaculizaci;n; encabezar1a la serie el obstculo mayor o principal; seguir1an otros.  No s) si hay argumentos concluyentes a favor de ese m)todo, pero me parece inteligente y apropiado. Determinando primero el obstculo principal, centremos la cr1tica en )l; cuando esa cr1tica haya debilitado bastante a dicho obstculo, cabr debatir cundo convendr pasar, paulatinamente, a otros obstculos.  El principal obstculo para el avance de la humanidad es hoy el imperialismo estadounidense. Si aplicamos la metodolog1a que he propuesto, es, pues, tarea prioritaria la lucha contra su supremac1a.(p-++&&Ԍ Cuando digo que el imperialismo yanqui es hoy el principal obstculo al progreso, me refiero a que USA reprime los afanes de mejora de la humanidad de modo contundente:  " lanzando constantes intervenciones para socavar y derrocar a cualquier gobierno que intente dar pasos en el sentido de la justicia social;#  " apuntalando a reg1menes desp;ticos y corruptos al servicio de los c1rculos financieros;#  " creando y manteniendo, a sangre y fuego, organismos pol1ticos artificiales a su servicio como el pseudoEstado de Israel (una de las fechor1as ms escalofriantes de los tiempos modernos);#  " imponiendo, a trav)s del FMI, pol1ticas econ;micas de ajuste estructural "o sea, privatizaci;n, desprotecci;n social y desregulaci;n" (que se saldan con una cantidad espeluznante de sufrimiento masivo de millones de seres humanos);#  " impidiendo "con su pol1tica de patentes" el acceso de las poblaciones pobres a los medicamentos avanzados, sin importarle que el precio a pagar sea el de millones y millones de muertes evitables;#  " criminalizando la inmigraci;n no regularizada;#  " consagrndose permanentemente a la guerra con cualquier pretexto balad1 para as1 tener bien sometida y amedrentada a la humanidad entera;#  " entregndose, en esas guerras y posguerras, a crueldades masivas para dome9ar a los pueblos agredidos y sometidos, como los bombardeos a)reos contra la poblaci;n civil (as1 recientemente en Faluga), sin retroceder ante la prctica generalizada del secuestro y de la tortura;#  " siendo (salvo las monarqu1as absolutas adictas a la supremac1a norteamericana) el Cnico pa1s del planeta Tierra que no ha otorgado ningCn reconocimiento constitucional a los derechos de bienestar;#  " rehusando ser parte de aquellos convenios internacionales que articulan algunos de tales derechos sociales y culturales (algunos de los cuales s;lo han contado con el voto en contra de EE.UU e Israel);#  " manejando a la ONU, como a un gui9apo, para que no pueda desempe9ar el papel de foro de la concordia mundial al cual estaba destinada;#  " transgrediendo, a la brava, mCltiples tratados internacionales; y, cuando le da la gana, imponiendo ilegalmente "por amenazas y coacciones" su abrogaci;n (como ha sucedido p.ej. con el Tratado internacional de Montego Bay, Jamaica, sobre el Derecho del Mar, el cual transformaba a los fondos marinos en patrimonio comCn de la humanidad);#  " instaurando una dictadura mundial del entramado tenebroso de mafia y alta finanza; a la vista tenemos el cCmulo de bancarrotas fraudulentas de un mont;n de grandes compa91as estadounidenses "como Enron, Andersen y WorldCom", junto a los escndalos ligados a la pol1tica belicista de la Casa Blanca; todo eso ha revelado el maridaje "o, mejor dicho, la amalgama" de los c1rculos de Wall Street y de los gerifaltes del crimen organizado; lo cual, dndose tambi)n en las dems potencias capitalistas, s;lo en USA llega al extremo de constituir un imperio planetario de los ca1des del delito.#  Por qu) todo eso? Creo que puede explicarse por tres causas.:* p-++&&Ԍ La primera causa es que USA es un Estado artificial, fruto del capricho, de la fortuna y del arbitrio de unos aventureros. No es "como las naciones de veras" el precipitado hist;ricopol1tico de milenios de evoluci;n de una poblaci;n asentada en un territorio dotado de alguna delimitaci;n aproximadamente natural.  La entidad llamada `Estados Unidos de Am)rica' ha surgido por una conjunci;n de varias decisiones arbitrarias consecutivas: primero la de los reyes de la dinast1a Estuardo de implantar, a mediados del siglo XVII, unas colonias inglesas en Norteam)rica; tres generaciones despu)s, la del general Jorge Washington y otros ricos colonos "vidos de gloria y dinero" de sublevarse contra su Patria, Inglaterra; ms tarde las de un pu9ado de presidentes, ambiciosos sin escrCpulos, que, con guerras de rapi9a y amenazas b)licas, van a decuplicar el territorio de la Uni;n (exterminando, de paso, a millones de abor1genes).  En total (bajo unas condiciones de transfondo, sin duda) han sido las decisiones de entre 10 y 20 individuos las que han prov