WPC 2BJZhAneliar3|RoXh4 PEP"mv^dE,,h0*)lP2B6$8X\ 3'3'Standard6&&ein wittgensteiniana wittgensteiniano6&Standard puraP #x  @UX@# dddd X` hp x (#%'0*,.8135@8:)Qy>>)))QQQQQ)QQyQQQQc)Qddoc)cc+cccccccccc)QQQQQ+QQQQ))))))))Q>Q>Q>Q>QQQQQQQ>>QQQQQQQQQ>Q>Q>Q>Q>Q>QQQ)))))))QQQQQQQQQ>Q>Q+ccc)))QQQQQQQQQc)Q>QQKu)=QcQQQQQQQccQ+ccQQ++c+"^ssy( sssss   Iyyy/ syW y y/yyy/sssq(>)Qy>>[ s5/syyyyy5yyyyssssssss    yy / yyyyyyyy      sssss(ssy(((((  5yyyy/s/s/sy///(y/syy Ks/555(5"m^&(*LLjg022:S&-&Le]e]e]e]e]oXIYIYIYIYeSwZwZwZwZZSZSZSZSQIe]f^wYwZQIe]e]e]oXoXoXoXf^IYIYIYIYw\w\w\w\w\w\]S]SBQE????G)eSeSeSeSwZwZS)S)S)D5D5D5D5:.:.:.ZSZSZSZSZSZSrQIB:B:B:f^?eSS)D5:.QIQIf^wZZSKS&MT(Q::LLL22LffLBED""LLCB0E"^WWoEhhyWhWWWW<W&WWWEWEEEhWhQhhWhh84hhhhhhhhhhW8WWWWWWWWWWWWWEWWEEEEE8&hhhWWW&EhWKmWhsr<hh8hh88Eh82T RGRJR6NRQ"^WhWhhyWhWWhh0W&hWhWhWWWyhyWyhWhh84hhhhhhhhhhW8WWWWWWWWWWWWWWWWWWWWW8&yyyhhh&WyhKmWhsrJ8hh88W8"^No$$$$NNiiN2iNiNiN2iNNN2ooooi$T2NNNNNiNNNNiiiiiNNi2NNNNiiiiiNNNNiioNoooooiiiiiiiNNNN222iiiiiiiN222ioiiN2NNiiK 2qq`o"^i$$$$2iiiiN2ii2iNiN2iNNN2$222222222$T2iiiiiiNNNNi22222i2i2i2i2Nii222Niiiiiiii2NNNN222222i2i2i22222i2i2i2i222iiiNNNN222i2i2i2i2i2i2N222i22i2iN2NNi22i2K2qqw22"^$$uHH^^e$^$$HHHHHHHHHH$$eeeH*1$ Hk11$$$HHH HH$HH kHHHH^ $H    __e^$^^^^^^^^^^^^$HHHHH HHHH$$$$$$$$H1H1H1H1HHHHH HH11H HHH    HHHHH1H1H1H1H1H1HHH$$$$$$$  HHHHHHHHH1H1H^^^    $$$HHHHHH    HHH^ $  H1HHKp$4H^HHHHHHH^^H^^HH  ^2bbR U`^XR[R_"^KK`<ZZiKZKKKKKKKK<K<<<ZKZFZZKZZ-ZZZZZZZZZZKKKKKKKKKKKKKK<KK<<<<<ZZZKKK<ZKK_KZdc4ZZZZ<Z"m^/;/]]37/Yn/;/H]]]]]]]]]]73nnnPn{PU{rajww3fDnj3YYH]HDU]3/]3aU]U@DDa]YU]3n3n//]H @L]@/U@;H]Y3YYYYYrnHHHHHP3P3P3P3aUUUUaaaawUY]]UwUYYYnHnHnHnH]HHHHUUUUUU]]P3P3P3P3U]{3{3{3{3{@aaaaUUw@@@aDaDaDaDjDjDjDaaaaaawU]]]]{3a@aDjDwUwU]UaK/jY;UHP]]]77]]"LHj37afnn&;nntt#;nFFtttnрUn:i4Wр]itttѓtWi]inJFttanhtt{t}]]zt]FFtzz]]]]]]]FFFFFFFFFFFFtttttttzzzzzzzzzzzzJJt"^KZKZZiKZKKZZKZKZKZKKKiZiLiZKZZ-ZZZZZZZZZZKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKiiiZZZKiZK_KZdc@ZZK"^kkVUkkkkk,kA,,kkkkUkUUUAkdk@kVkkkkkkkk,,,,,,,,,,,,kkkkkUkkUUUUU,,kkkkkUk,KkJU2jb,Jc-e RfCourierHelveticaHelvetica BoldITC Zapf Chancery Medium ItalicHelvetica ObliqueHelvetica Bold ObliqueTimes RomanITC Avant Garde Gothic BookTimes Roman BoldTimes Roman Italic"m^/25^^dd+oodCCddddCo2 ~/Ru1x2z3P|"^Kd,dddKdKSddu,dSdddSdSudvBvdKdd,2ddddddddddS,uSuSuSuSuSuSuSuSSSSSS,uuuuddd,SudKiKdZcS,dd,,d,"m^7;>ooFJJUy7B7Woooooooooo77yyyvska-`v\vydUzv`FyFydF?z()d(z6aYMVD8l8a<,FP<;N5$X40PHY vmvmvmvmvmhVhVhVhVh$ $ $ $ vbiiiiiaiaiaia_Vvmwnhi_VvmvmvmhhhhwnVhVhVhVhllllllmbmb$ $ $ $ M_PJ J J J S0vbvbvbvbiia0a0a0P>P>P>P>D6D6D6iaiaiaiaiaia_VMDMDMDwnJ vba0P>D6_V_VwniiaKa,Zb/_DDYYY;;YxxY MPP((XXNN9P"m^7;>ooFJJUy7B7Woooooooooo77yyyvska-`v\vydUzv`FyFydFv\wVNm$M_Jv_aPDipa_MFFyL7Xd!KJaB,nA  m 2  5 )a2   ^O /  N 14. Madrid, Mayo de 2007O=p-p-p- )aԆ bb )a J ddx !bddx J  "  #6 p.7Ee#  v   t  a7 Espa9a Roja ă  V # p.7\(#a2 Se da la bienvenida a todo ofrecimiento de una  V. colaboraci;n para ESPA8A ROJA  sobre cualquiera de los temas pol1ticos y sociales de inter)s de nuestra publicaci;n electr;nica. Las colaboraciones pueden haber sido previamente  V publicadas, con tal que su reproducci;n en ESPA8A ROJA  no infrinja ningCn precepto legal. Es l1cita la reproducci;n 1ntegra y literal de cualquier  V art1culo publicado en ESPA8A ROJA siempre que: 1) quede perfectamente clara la atribuci;n del texto reproducido a su respectivo autor; y 2) se indique ostensiblemente que  V esa reproducci;n se toma de ESPA8AROJA , . El mejor modo de enviar las colaboraciones es por el  VJ correo electr;nico al director ( ). Para cualquier otra aclaraci;n acerca del ofrecimiento de  V colaboraciones a ESPA8A ROJA  pueden ponerse en comunicaci;n con el Director, Lorenzo Pe9a: a2  V ga6 Fax 912298691  `  a0E_mail: Ú ă " <a"p-p-p-  '{ 4a bb )a  #V2PkC|P#X01Í ÍhhX01ÍÍ. X1Í.hhX1Í. # i2PkC8&P#a wG  a$ ESPA8A ROJA . N 14. Mayo de 2007. http://eroj.org` 9!eă   yndddy uG k a)ESPA8A ROJA n 14. Tabla de Contenidos` 9!eă   yldddy  )aӆ7 Espa9a Roja 2 3N 14. Mayo de 2007  L 3NCmero monogrfico  N 2G <a H  La presidencia de Srk?zy y la americanizaci;n de Europa  por Lorenzo Pe9a  p-++DF p-++DF ,Zb a@ d a La presidencia de Srk?zy y la americanizaci;n de Europa  por Lorenzo Pe9a` 9!eă   yQdddy,=  #o\  PC(XP#<a v  a  a @ !bddx A ddx @ " --" G : ESPA8A ROJA 6http://www.eroj.org 5 &2  La presidencia de Srk?zy y la americanizaci;n de 3Europa  por Lorenzo Pe9a 5 1N 14 " Mayo 2007. Pgs. 521--)a  <a <a  sV )a$f La presidencia de Srk?zy y la americanizaci;n de  s 9~Europa  X 4Rpor Lorenzo Pe9a 72007-05-24 2   {P 90ndice M 00." N1kolas Srk?zy frente a S)gol/ne Royal 01." Las promesas electorales de Srk?zy 02." La visi;n axiol;gica de la nueva derecha 03." Las razones de los electores 04." El proamericanismo de Srk?zy 05." El nuevo estilo pol1tico de la presidencia sark?ziana. Los trnsfugas 06." Los destructores del Estado 07." Cr1tica al programa sark?ziano: 1 parte 08." Cr1tica al programa sark?ziano: 2 parte 09." El valor del trabajo y las 35 horas  {Pd 10." Paneurope1smo frente a universalismo  v 2   X &v  0." N1kolas Srk?zy frente a S)gol/ne Royal )aHa sido entronizado como nuevo Presidente de la RepCblica Francesa el hidalgo N1kolas Srk?zy de NagyBocsa, oriundo de Hungr1a. Derrotada en las elecciones presidenciales del domingo 6 de mayo, su rival, la socialista S)gol/ne Royal, ha dejado la imagen de una actriz mediocre, sin convicci;n ni solidez. (La mayor1a de quienes han votado a Madame Royal lo han hecho s;lo para evitar el triunfo hCnico.) No comentar) en este art1culo las propuestas de do9a Segolena, que formaban un ramillete heter;clito: demarqu1a o democracia participativa (poner en pie jurados ciudadanos, designados por sorteo, encargados de tomar las grandes decisiones pol1ticas, en lugar de que lo hagan asambleas de elecci;n popular); becas para el lanzamiento de firmas individuales; moratoria sobre la construcci;n de centrales electronucleares de nueva generaci;n; aumento del nCmero de viviendas de alquiler de gesti;n pCblica; moratoria sobre los OGM (organismos gen)ticamente modificados); obligar por la fuerza a la RepCblica Persa a renunciar a la energ1a nuclear, aunque sea civil; mantenimiento de la jubilaci;n forzosa a los 65 a9os; subida del SMIC (salario m1nimo); relanzar el proyecto de Constituci;n europea (tema, )ste Cltimo, en el cual coincide plenamente con el ganador de los comicios, haciendo ambos caso omiso de la decisi;n mayoritaria del pueblo franc)s en el plebiscito del 29 de mayo del 2005). 2 +=p-p-p-Ԍ X ("  1." Las promesas electorales de Srk?zy )aQu) mensaje ha vehiculado el candidato Srk?zy? Trece de sus promesas electorales pueden haber seducido a amplios sectores de la poblaci;n, incluso de los trabajadores. Enumer)moslas! En primer lugar, Srk?zy propone el contrato Cnico de trabajo, para sustituir el sinf1n de contratos laborales actualmente existentes. Al igual que en Espa9a y en todos los pa1ses de orientaci;n capitalista, en Francia se ha ido deteriorando el derecho laboral "conquista social de la )poca en que exist1a el Socialismo Real. La precarizaci;n del empleo ha sido agravada con el paso a las 35 horas, acarreando la multiplicaci;n de los modelos de contrato laboral; as1 se ha fragmentado la masa de trabajadores en una multitud de colectivos, cada uno con unos intereses particulares, por su concreta situaci;n contractual: unos con un CDD (contrato de duraci;n determinada), otros con un CDI (contrato de duraci;n indeterminada), ramificados en diversas modalidades y submodalidades en funci;n de un nCmero de parmetros "y, muchas veces, en funci;n del arbitrio patronal. Srk?zy promete reemplazar esa multiplicidad de contratos laborales por uno solo. Pero por cul? Las indicaciones van en el sentido de que, con otras palabras, ser1a un contrato que vendr1a a reintroducir y generalizar el contrat de premi/re embauche , o CPE, que trat; de imponer el fracasado primer ministro de Chirac, Dominique de Villepin, ya que los nuevos contratados permanecer1an a prueba 24 meses; durante ese lapso podr1an ser despedidos sin causa alguna; luego adquirir1an paulatinamente cierto derecho a indemnizaci;n en caso de despido injustificado. Se entiende que algunos trabajadores sujetos a CDD esperen mejorar su suerte con el paso al contrato Cnico. En segundo lugar, Srk?zy promete aligerar las cargas sociales que pesan sobre trabajadores y empleadores para costear la seguridad social; piensa compensar esa p)rdida subiendo varios puntos porcentuales el IVA. Se tratar1a del IVA social. Como datos de transfondo hay que considerar los siguientes. En la Uni;n Europea, el IVA, o impuesto sobre el valor a9adido, tiene un tipo de gravamen normal, otro reducido y otro superreducido. En Espa9a el normal es de 16%, el reducido de 7% y el superreducido de 4%. En Francia son, respectivamente: 19,6%, 5,5% y 2,1%. Las listas de bienes y servicios sujetos a los tipos reducido y superreducido son diferentes al norte y al sur de los Pirineos. (En Luxemburgo el tipo de gravamen normal es de 15%; en Dinamarca, de 25%.) El estado franc)s ha percibido en 2006 162 miliardos de euros por el IVA (al paso que el impuesto a la renta s;lo le ha granjeado 57 miliardos y el de sociedades 49).  X," La propuesta del IVA social (TVA social) se enfrenta a varias dificultades. Una es que el incremento del IVA deber ser aceptado por la Comisi;n de Bruselas, puesto que el IVA es un impuesto europeo; tal vez podr1a buscarse un subterfugio denominativo, o quiz "dadas las concomitancias de Srk?zy" Bruselas har1a la vista gorda. La segunda dificultad es que, para que se pudieran suprimir las cargas sociales, la elevaci;n del IVA tendr1a que ser enorme, siendo ya alta; no bastar1a en absoluto el tipo dan)s del 25%. Sea como fuere, es veros1mil que un nCmero de trabajadores se haya dejado encandilar con tal promesa, dado que as1 pagar1an menos cotizaciones de seguridad social y podr1an esperar que sus empleadores, aligerados de su parte, estuvieran mejor dispuestos a emplear ms mano de obra o a subir los salarios._*p-++D)ԌEn tercer lugar, Srk?zy promete exonerar fiscalmente las horas extraordinarias, de suerte que "sin necesidad de volver atrs en el establecimiento de la semana de 35 horas" de hecho la prctica y la costumbre sern las de que trabajadores y empleadores, de comCn acuerdo, pactarn una semana laboral ms prolongada, a cambio de un incremento salarial, especialmente primado por disfrutar de esa exenci;n tributaria. Puesto que "segCn lo dir) ms abajo" la implantaci;n de la semana de 35 horas ha sido la principal causa de la desafecci;n obrera y laboral al bloque del partido socialista y sus aliados (PCF, verdes y otros grupos de la izquierda plural ), no hay que subestimar el atractivo que encierra esa promesa para una masa de trabajadores, cuyo poder de compra se ha visto perjudicado por las 35 horas "un l1mite que esperan soslayar mediante las horas extraordinarias. En cuarto lugar, Srk?zy promete defender a la industria francesa contra las deslocalizaciones, aunque sin concretar c;mo. Est fuera de duda que, por abstracta y vaga que sea la promesa, ha podido encandilar a un nCmero de electores, que han cre1do que con Srk?zy la industria francesa estar a salvo. En quinto lugar, Srk?zy promete luchar contra los inmigrantes ilegales, a los que un sector de trabajadores aut;ctonos juzga competidores peligrosos en el mercado laboral, atribuy)ndoles el desempleo existente. Tambi)n esta promesa le ha valido millares de votos (cuntos es dif1cil saber). En sexto lugar, Srk?zy promete una innegociable ley de servicios m1nimos, en virtud de la cual cualquier huelga en un servicio pCblico habr de mantener un umbral de actividad. En Espa9a el derecho de huelga est regulado por un Real DecretoLey preconstitucional, que sigue vigente; establece la obligatoriedad de servicios m1nimos (aunque a veces se incumplen impunemente); en Francia, no los hay. Evidentemente el proyecto de implantarlos suscita un profundo resentimiento de los sindicalistas y de aquellos asalariados que conf1an en la huelga para preservar su empleo o mejorar su remuneraci;n; pero es dudoso que esos descontentos sean ms numerosos que quienes se ven fuertemente perjudicados por las huelgas, sobre todo las del transporte pCblico, que azotan a los sectores ms desvalidos del proletariado. En s)ptimo lugar, Srk?zy promete una reducci;n del nCmero de funcionarios del Estado en unos 450.000 a lo largo del quinquenio, para as1 disminuir la carga fiscal. Argumenta que, habi)ndose producido un paso a la electr;nica, no hay raz;n para que haya aumentado la masa de funcionarios. Moviliza as1 el resentimiento de los trabajadores del sector privado frente a los del sector pCblico. En octavo lugar, ofrece una triple reducci;n de impuestos: los intereses de las hipotecas se descontarn de la base imponible; el 90% de los franceses se vern libres del impuesto de sucesiones y donaciones; y las horas extraordinarias de trabajo estarn totalmente exoneradas.  X$ (Tambi)n promete un techo fiscal [escudo] del 50% de la renta bruta as1 como desgravaciones tributarias a favor de las empresas; no faltarn quienes supongan que tales medidas fomentarn la creaci;n de empleo). En noveno lugar, se implantar un sistema de democracia corporativa: antes de regularse por ley una materia econ;micosocial, se confiar su regulaci;n "mediante convenio colectivo" a la negociaci;n entre patronal y sindicatos; el Parlamento s;lo ser llamado a legislar en caso de insuperable discrepancia entre los interlocutores sociales.*p-++D)ԌEn d)cimo lugar, Srk?zy propone suprimir los reg1menes especiales de la seguridad social, lo cual significa que las jubilaciones de colectivos como el de funcionarios se alinearn con las del r)gimen comCn. En und)cimo lugar, Srk?zy promete que dejar de haber diferencias salariales entre hombres y mujeres. (No queda claro c;mo; posiblemente se acudir al procedimiento de la discriminaci;n positiva o las cuotas, o sea a la regla de paridad obligatoria en las empresas para todos los niveles retributivos.) En duod)cimo lugar, promete un subsidio familiar por cada hijo. Constituir1a una ayuda social sustancial. Y, en decimotercer lugar, promete otorgar ms libertad a quienes puedan y quieran trabajar ms a9os, incluso permitiendo acumular un empleo y una jubilaci;n. (Sin embargo, no ha  Xe llegado al punto de proponer, como Fran'ois Bayrou, una jubilaci;n ! la carte.) 2   X% &v  2." La visi;n axiol;gica de la nueva derecha )aJunto a esas 13 promesas risue9as "o presuntamente tales (segCn para qui)n)" hay p1ldoras  Xm amargas, como la cudruple franquicia, en virtud de la cual el reembolso de atenci;n m)dica s;lo empezar cuando el paciente rebase un umbral (la franquicia se aplicar1a separadamente a los gastos de anlisis biol;gicos, visitas m)dicas, hospitalizaci;n y consumo farmac)utico). En Francia los cuidados sanitarios no son gratuitos, sino de pago; la seguridad social reembolsa una parte; la franquicia disminuye ese reembolso; para un nCmero de asegurados significar1a no obtener reembolso alguno. Es un sacrificio, pero asumible; puede que no lo vean con malos ojos quienes piensen que tienen lugar muchos abusos en la utilizaci;n de los servicios m)dicos. Hay otros sacrificios prometidos: reforma de las jubilaciones (un tanto imprecisa todav1a); endurecimiento de las condiciones para percibir subsidio de desempleo. Aunque, veros1milmente, esas propuestas sark?zianas han atra1do a muchos electores, ninguna de ellas encierra, en el fondo, programa socioecon;mico alguno, ni tampoco constituyen, de consuno, semejante programa. D1gase lo que se dijere, si Madame Royal carec1a de programa, Srk?zy tambi)n. Ofrece un cambio (una ruptura tranquila ), pero, en el fondo, lo que se infiere de su discurso es una continuaci;n de las pol1ticas de Chirac. Tampoco ha presentado un perfil claro la abundante referencia en los discursos del candidato Srk?zy a ciertos valores tradicionales, en particular los del trabajo, la recompensa del m)rito y la promoci;n social individual por el esfuerzo propio. Adems de que en tal discurso s;lo se apreciaban diferencias de matiz respecto al de su principal contrincante, todo eso es brumoso, salvo en lo nodicho, en lo insinuado, en lo que hay que leer entre l1neas: menos seguridad social, menos Estado protector, menos solidaridad para con quienes han tenido mala suerte o se han equivocado, y ms confiar en uno mismo, ms seguir la senda de la propia ambici;n. En otros discursos "a partir del pronunciado el 18 de diciembre de 2006 en las Ardenas" Srk?zy se encargar de embrollar y desdibujar esa escala axiol;gica, recalcando, no s;lo la conveniencia de brindar una segunda oportunidad a quienes han errado, sino tambi)n el valor~)p-++D)  X de la compasi;n por los que sufren y prometiendo que a nadie se dejar en el desamparo: on  X ne va laisser tomber personne. Sin embargo, leyendo esos discursos en el contexto de toda su frondosa producci;n discursiva de los Cltimos a9os, hay que entender que la segunda oportunidad es la que, a su juicio, prevalece en una sociedad como la norteamericana, justamente porque all1 "en la idealizaci;n que de ella hace Srk?zy" el libre juego mercantil abre camino al m)rito, incluso al de quienes, habi)ndose confundido, saben rectificar a tiempo; y las v1ctimas de cuyo sufrimiento se compadece son, ms que nada, quienes han sido agraviados por malhechores privados de baja extracci;n, y s;lo tangencial o marginalmente quienes han errado y quienes han sido golpeados por la mala suerte o por la injusticia social. Por otro lado, leyendo la colecci;n de discursos de Srk?zy, nos parece hallar hincapi) en otros valores, aunque no sean forzosamente aquellos que ms se han destacado en la campa9a electoral: los de la autoridad, la seguridad, la identidad nacional y el orgullo nacional franc)s (formulado )ste Cltimo como el rechazo del arrepentimiento colectivo). En esos temas tampoco se ha apreciado ms que alguna diferencia de matiz con su contrincante. Tambi)n ha venido muy enfatizado en sus profusas proclamas axiol;gicas "a menudo sumamente ret;ricas" la condena del relativismo, que, segCn )l, encarn; e impuso el Mayo de 1968, que )l quiere enterrar. Todo lo malo vendr1a de mayo del 68: relativismo moral, p)rdida de los valores tradicionales, depreciaci;n del trabajo, exaltaci;n del ocio, irresponsabilidad, culto a la asistencia social. 2   Xo ,  3." Las razones de los electores #En la segunda vuelta del 6 de mayo de 2007 19 millones de electores han dado su voto a N1kolas Srk?zy. Cuntos de ellos han sido determinados por tal promesa, cuntos por tal otra, cuntos por uno u otro de esos pronunciamientos axiol;gicos, cuntos por tal o cual rasgo de su itinerario pol1tico, cuntos por una regla de fidelidad, cuntos por inercia o rutina, cuntos, en fin, por pura inclinaci;n subjetiva o porque les ha dado la gana? En la democracia electiva, no hay c;mo saberlo. Al elector se le pide que otorgue su voto a uno u otro de los candidatos legalmente autorizados; no que fundamente o motive su voto; ni siquiera se le permite transmitir un mensaje ni pronunciarse sobre cuesti;n alguna. Si de un candidato le parecen bien las propuestas A y B pero no la C, y de otro le parecen bien las propuestas D y E pero no la F, no tiene capacidad legal alguna para encomendar al que resulte elegido la realizaci;n de A, B, D y E. La mecnica electoral lo fuerza a votar por el uno, por el otro o por ninguno, sean cuales fueren los motivos. S;lo las encuestas pueden arrojar alguna informaci;n sociol;gica sobre las motivaciones del elector en cada caso. A falta de un estudio cient1fico, no parece muy arriesgado conjeturar que el sufragio de la mayor1a de esos 19 millones de votantes que han escogido a Srk?zy no ha venido determinado por ninguna de sus 13 promesas, sino por otras causas: adhesi;n a la derecha (en un nCmero de casos por fidelidad intergeneracional, si bien eso parece estar ahora cambiando en Francia); confianza en un hombre fuerte, al que se ha publicitado como baluarte frente al desorden, la delincuencia, la juventud alborotadora y la chusma inmigrante ( racaille ).) p-++D)ԌLo ms que hemos podido conocer al respecto es el sondeo por segmentos de edad: a favor de Segolena la mayor1a de los j;venes de entre 18 y 25 a9os y los adultos de 35 a 60; ligera prevalencia de Srk?zy en la franja 2534 y gran predominio entre los mayores de ms de 60 a9os. Por s1 solos, esos datos s;lo permiten inferir motivaciones disyuntivas. 2   Xy +  4." El proamericanismo de Srk?zy )aEst claro que, con Segolena o con Srk?zy, continuar1a la orientaci;n de la nueva pol1tica exterior francesa, con abandono total del gaullismo, o sea del viejo sue9o del general Charles De Gaulle "presidente de 1958 a 1969" de convertir a Francia en una potencia imperial independiente de la hegemon1a yanqui. Ya resquebrajada y debilitada esa pol1tica durante el Cltimo a9o de la presidencia de De Gaulle (a ra1z de los acontecimientos de mayo de 1968, que lo empujaron a acercarse a los EE.UU), fue agundose todav1a ms con sus sucesores: Pompidou, Giscard d'Estaing, Mitterrand, Chirac. Sin embargo, con Chirac revivi; un momento, con ocasi;n de la guerra de Irak, en 2003, gracias a la brillante actuaci;n personal del ministro de asuntos exteriores, Dominique de Villepin. Poco duraron esos pinitos de independencia; paulatinamente, la pol1tica exterior de Par1s se fue alineando con la de Washington en todos los frentes; nada parec1a bastante para disculparse por haber llevado raz;n; fracasadas sus iniciativas diplomticas de finales de 2003, el gobierno franc)s ha venido haciendo "desde mediados de 2004" todo lo imaginable para congraciarse con el amo yanqui. Srk?zy se ha decantado por un apoyo sin fisuras a la supremac1a norteamericana y por una transposici;n del modelo yanqui a la sociedad francesa (aunque con adaptaciones, porque reconoce que su sue9o de copiarla en suelo galo ser1a una quimera). Lo previsible es que prosiga la misma pol1tica exterior parisina de los Cltimos tres a9os, aunque, eso s1, agravndola todav1a ms, en el sentido de secundar ms contundentemente las agresiones imperialistas (p.ej. la pr;xima en el Sudn, con un pretexto humanitario para no variar). A la vez, continuar la acci;n militar neocolonialista en frica y se tratar de forzar como sea una mayor integraci;n europea, excluyendo a los pa1ses nocristianos (Turqu1a). En resumen, lo que se perfila es una enorme continuaci;n en el fondo, aunque sea acentuando las medidas regresivas en muchos aspectos, principalmente endureciendo la persecuci;n contra los inmigrantes clandestinos y participando ms activamente en las aventuras y agresiones imperialistas contra los pueblos del tercer mundo. 2   X/"  5." El nuevo estilo pol1tico de la presidencia sark?ziana. Los trnsfugas )aLas mayores novedades de la presidencia de Srk?zy estriban en lo formal. Asistimos a una berlusconizaci;n o americanizaci;n de la pol1tica francesa.  X% En primer lugar prodCcese con su llegada al El1seo una pipolizaci;n de la pol1tica, con un presidente vedete de prensa rosa, que despliega ostentatoriamente sus vacaciones de yate, sus cenas en restaurantes de lujo, sus aficiones deportivas y taurinas (le encantan las corridas de toros) y sus l1os er;ticos. (De )stos se dir que es un asunto privado en el que se han cebado los periodistas indiscretos; mas es el personaje quien los atrae, deliberadamente o no segCn los casos.)e* p-++D)ԌPor cierto, ese figur1n de la alta sociedad se retrat; en unas declaraciones presuntamente jocosas pronunciadas en la piscina de un lujoso hotel de la isla Reuni;n a mediados de febrero  X de este a9o: JE SERAI un pr)sident comme Louis de Fun/s dans le Grand restaurant: servile avec les puissants, ignoble avec les faibles. J'adore . (V. el art1culo Le combat d'une vie   X de Ludovic Vigogne en Le Parisien, lunes 07 mayo 2007.) Bromeaba? Pienso que, por una vez, fue sincero. Ese duro nietzscheano a quien gusta proclamar Je suis indestructible , es  Xz eso: un hombre de los ricos, por los ricos y para los ricos; y, lo que es peor, ignoble avec les  Xe faibles. Los presidentes anteriores simularon un calor humano. (ste no. Y es que, en segundo lugar, quien se ha encaramado al sill;n presidencial es un magnate. A pesar de que s;lo ha empezado a pagar el impuesto sobre el patrimonio en 2006, tiene una fortuna declarada de 1.137 millares de euros, de donde se deduce que ha obtenido una  X ganancia patrimonial de 380.000 euros en un a9o. (Esos datos constan en Le Canard encha3n) y en Wikipedia.) Su hermano, Guillaume Srk?zy, industrial del textil, ha sido vicepresidente de la gran organizaci;n patronal, MEDFEF, y se ha jactado de deslocalizar para aumentar sus beneficios. Hasta ahora los gobernantes franceses, aunque estuvieran ligados al gran capital, sol1an ser profesionales y funcionarios desprovistos de una gran fortuna personal. La carrera pol1tica de los ricachos es un fen;meno nuevo, sin duda asociado a la americanizaci;n, a los valores del )xito personal merecido en una sociedad en la que quien vale triunfa (o eso nos cuentan). En tercer lugar, el se9or Srk?zy, reci)n entronizado, implanta un r)gimen presidencialista f)rreo que supera al que quiso establecer el general De Gaulle en 1958. A De Gaulle le gustaba el presidencialismo, pero "consciente de que cada pa1s tiene su idiosincrasia y su tradici;n" introdujo en la Constituci;n de la V RepCblica (elaborada por iniciativa suya) un h1brido, con una jefatura del gobierno compartida por el Presidente de la RepCblica y el primer ministro. El gabinete nombrado ahora por Srk?zy para desempe9ar las tareas gubernativas es una hechura personal que responde totalmente a su dictado y a su capricho, en la cual la figura del primer ministro, Fran'ois Fillon, queda reducida a la de adjunto, de un coordinador "y en la prctica seguramente ni siquiera eso, porque es posible que el verdadero subjefe sea el ministro de Estado, Alain Jupp). (Eso s1, el gabinete actual es meramente interino y no vivir ms all de las elecciones parlamentarias del 17 de junio pr;ximo, fecha en la cual ya se podr arrinconar a los compa9eros de viaje.) Naturalmente la novedad es s;lo relativa, dada la tendencia presidencialista de la V RepCblica. Pero ni De Gaulle ni sus sucesores en el cargo determinaron nunca la composici;n del gabinete de manera tan minuciosa y directa como lo ha hecho ahora Srk?zy. En cuarto lugar, Srk?zy ha introducido el berlusconismo al establecer una coalici;n sark?ziana que, siendo de derechas, subsume tanto a la derecha cuanto a su poco de izquierda "al igual que el honorable Silvio Berlusconi aspiraba a una Fuerza Italia de derecha pero que englobar1a la izquierda salvable. Hay una diferencia entre esa izquierda sark?ziana y lo que  XM& fue, en su tiempo, el gaullismo de izquierda (o la gauche gaulliste), a saber: el general De Gaulle enrol; en su movimiento pol1tico a personas de sensibilidad social, algunas de las cuales (como Andr) Malraux) hab1an estado transitoriamente encuadradas en el campo progresista, pero que le profesaban a )l una fidelidad basada en los valores del patriotismo republicano y en su carisma personal como l1der de la Francia libre.) p-++D)ԌEn el caso de Srk?zy no se da absolutamente nada de todo eso. Los reci)n cooptados no se han adherido nunca, hasta ahora, al movimiento pol1tico de Srk?zy (la UMP, que )l no ha creado sino heredado de Chirac), sino que, traicioneramente, se han arrimado por ambici;n a su gabinete sin haber abandonado previamente el partido pol1tico te;ricamente opuesto. Es una jugada maestra, "que estrangula y desequilibra al partido de oposici;n (ya cuarteado y tambaleante)" )sa de fichar, en un gobierno de marcada orientaci;n mayoritarista, a disidentes del partido minoritario. Los as1 fichados son individuos particularmente impresentables: el belicista Bernard Kouchner, exgobernador de la ONU en Kosovo; Eric Besson, el nuevo secretario de Estado para la prospectiva y la evaluaci;n de las pol1ticas pCblicas , otro trnsfuga del partido  X socialista, quien hab1a coordinado el libro L'inqui)tante rupture tranquille  de Monsieur  X{ Sarkozy, en el cual desliz; su c)lebre ep1teto de que Srk?zy es un neoconservador americano con pasaporte franc)s ; escribi; eso hace unos meses nada ms. Lo cual ilustra la deshonestidad y el politiqueo de tales cooptaciones. En quinto lugar, el nuevo gobierno franc)s inaugura una nueva manera de gobernar; los ministerios ya no constituyen unidades administrativas preestablecidas por rama de actividad fijada con criterios objetivos e intersubjetivamente compartibles, sino que pasan ahora a ser programas estrat)gicos transversales de cometido temporalmente limitado y cuya constituci;n obedece al cambiante arbitrio subjetivo del jefe. Casi todos los nuevos ministerios tienen t1tulos quilom)tricos y rimbombantes, formados por 3 ; 4 conyuntos (p.ej. Inmigraci;n, integraci;n, identidad nacional y codesarrollo ). 2   XX ,  6." Los destructores del Estado )aDesgraciadamente ya ven1a de antes el arbitrario cambio de ministerios al cambiar los ministros "una costumbre introducida en los Cltimos decenios, que hubiera sido inadmisible en tiempos en los que la administraci;n pCblica se ve1a con mayor seriedad. Pero esto de ahora va much1simo ms lejos, porque en realidad desestructura totalmente las viejas instituciones estatales, con su experiencia acumulada y sus cuerpos de funcionarios avezados y educados en la idea y la misi;n del servicio pCblico; en lugar de eso, lo que se perfila es un conglomerado de programas coyunturales, que rompen del todo el esquema tradicional, que descomponen cualquier organigrama racional, y que "por su misma transversalidad y su configuraci;n circunstancial y hasta personalmente dise9ada" estn lanzados para la improvisaci;n, en una plasmaci;n de la cultura de resultados. Se entiende esa opci;n desde la ;ptica de la desestatizaci;n, de la transferencia de funciones del Estado (que son todos los ciudadanos organizados en una colectividad pol1tica) a la mal llamada `sociedad civil', que es el sector privado (lucrativo o no). En esa orientaci;n el Estado sobra, y sobran sus unidades estructurales estables, a las que estar1a encomendada una misi;n permanente, con una obligaci;n de medios; se desmantela ese aparato estatal para reemplazarlo por un amasijo temporal de programas de acci;n limitada, cada uno de los cuales se configura para la obtenci;n de determinados resultados, dentro de unas pautas de rentabilidad empresarial. As1 se entiende la anunciada supresi;n de la mitad de los puestos de trabajo en la mquina estatal. Lo que aCn no sabemos es si los puestos que se van a eliminar sern los de bombero, introductor de embajadores, profesor, celador de museo, guarda forestal, bedel, mozo,* p-++D) investigador cient1fico, carcelero, telefonista, palafrenero, conductor, practicante, fontanero, mecan;grafo, informtico, auxiliar de laboratorio, jinete de la guardia republicana, polic1a, secretario judicial, magistrado, mCsico, contable, inspector laboral y as1 sucesivamente. Posiblemente la idea subyacente sea la de suprimir todas esas profesiones para que tales actividades pasen al sector privado; lo dudoso es que as1 se consiga ahorro alguno; si quisiera ahorrar, el Estado no s;lo tendr1a que desatender esos servicios directamente, sino tambi)n abstenerse de subvencionarlos, lo cual es imposible, porque llevar1a a la extinci;n del Estado; con el Estado periclitar1an: conservatorios de mCsica, tribunales, lonjas, casas de socorro, unidades de salvamento mar1timo y de protecci;n civil, escuelas, servicios de extinci;n de incendios, Universidades, administraciones portuarias, servicios de coordinaci;n aeronutica, inspecci;n de mercados, auditor1a bancaria, mantenimiento de v1as pCblicas. Y nadie, ni siquiera Srk?zy, quiere que eso suceda. Por lo cual, a pesar de la fantstica y rocambolesca reorganizaci;n gubernamental, tras las apariencias innovadoras, habr que mantener "en buena medida bajo cuerda" las viejas estructuras administrativas (igual que les ha sucedido a las revoluciones que, muy ufanas, empezaron queriendo triturar a la mquina del estado burgu)s  para restablecerla a la chita callando y luego irla perfeccionando). 2   X: &h  7." Cr1tica al programa sark?ziano: 1 parte )aUna mirada ms atenta al agregado de proyectos sark?zianos en materia econ;micosocial nos hace ver cun problemticos resultan, unas veces porque son escasamente viables, otras porque son socialmente regresivos y otras porque no van a solucionar nada. As1, el plan de contrato laboral Cnico ya ha encontrado la oposici;n de la presidenta del MEDEF, Laurence Parisot, quien es, de todos modos, uno de los ms entusisticos puntales del nuevo presidente. Si hoy d1a hay una proliferaci;n excesiva de modalidades de contrataci;n, reducirlas a una sola es pasar una apisonadora sobre el complejo campo de las relaciones laborales. Ese contrato Cnico ser1a igual que el masivamente rechazado contrato de primer empleo, CPE, s;lo que convertido automticamente en indefinido a la expiraci;n del bienio de prueba, con unos derechos de indemnizaci;n muy limitados en caso de despido arbitrario. Es, pues, una vuelta atrs con respecto a los avances del derecho laboral; ni ofrece la garant1a temporalmente limitada que comportan los CDD ni la protecci;n frente a la arbitrariedad patronal de los actuales CDI. Habr habido un nCmero de trabajadores con CDD que esperen mejorar as1 su situaci;n laboral, pero la mejora es ilusoria. Ya he hablado de los problemas del IVA social. A9dense otras dificultades: ese IVA social ser soportado por los bienes y servicios importados y no por los exportados, lo cual le confiere un carcter de proteccionismo comercial que chirr1a con los esquemas del libre mercado y que puede acarrear la oposici;n de Bruselas y de la OMC (organizaci;n mundial del comercio); adems, repercute la carga fiscal sobre los consumidores, incluidos los perceptores de rentas fijas que no se benefician de la supresi;n o el alivio de las cargas sociales (p.ej. los jubilados que masivamente han votado por Srk?zy y que ser1an los ms perjudicados); y, finalmente, elevar considerablemente el IVA en un pa1s en el cual ya es muy alto constituye una desincentivaci;n del consumo, lo cual tender a agravar la crisis de superproducci;n.t) p-++D)ԌLa exoneraci;n de las horas extraordinarias no soluciona el desbarajuste acarreado por la introducci;n coercitiva de la semana de 35 horas bajo el gobierno de Jospin (ley Aubry II del 19 de enero de 2000). Esa exoneraci;n puede ser vetada por el Consejo Constitucional (por infringir un principio constitucional de justicia tributaria). Sea as1 o no, es un dispositivo cuyo significado prctico ser )ste: la relaci;n laboral ajustada a la semana oficial de 35 horas vendr rebajada al rango de un empleo a tiempo parcial, permitiendo que, de comCn acuerdo, el empleador y el trabajador pacten un trabajo de mayor duraci;n, el cual escapar a cualquier gravamen. Si escapa a cualquier gravamen, dif1cilmente ser contabilizado para la eventual obtenci;n de prestaciones de la seguridad social; o sea, ser1a un trabajo negro pero legalizado. Con otras palabras: la regulaci;n y tributaci;n laboral y el otorgamiento de protecci;n social se van a limitar, en lo sucesivo, a  Xy una jornada laboral te;rica, que de facto se concibe como a tiempo parcial; el resto de la actividad laboral pasa a tener la regulaci;n del siglo XIX, o sea: ninguna. Un obrero podr (si se lo permite el patr;n) trabajar 39 horas a la semana (; 50), pero, a la hora de percibir subsidio de desempleo, pensi;n por invalidez y jubilaci;n, ser como si hubiera trabajado a tiempo parcial, 35 horas. No auguro mucha estabilidad a ese sistema, que pronto caer en el descr)dito. Una de dos: o el estado actual de la evoluci;n t)cnicoproductiva permite que la semana laboral sea de s;lo 35 horas y, entonces, no tiene sentido ese trato presuntamente de favor para las horas extraordinarias; o no es as1, y entonces la semana de 35 horas es una catstrofe, que no va a poder ser corregida por ese trato de favor.  Pasemos al cuarto punto: la lucha contra las deslocalizaciones. Es pura frase hueca. Puede que con el IVA social se contribuya un poquit1n a frenar tales deslocalizaciones, pero es dudoso: al restringirse la demanda interna, las empresas sufrirn superproducci;n, tendrn que exportar ms y, puestos a eso, acabarn prefiriendo instalarse en otro pa1s, reduciendo costes no s;lo de mano de obra sino tambi)n de transporte.  Hay un verdadero remedio y s;lo uno contra las deslocalizaciones: permitir la inmigraci;n o consentirla por lo menos. Los pa1ses de mayor aceptaci;n de la inmigraci;n, como Espa9a, han visto una inflexi;n parcial de la tendencia deslocalizadora, lo cual ha acarreado un crecimiento econ;mico, creaci;n de nuevos empleos tambi)n para los trabajadores aut;ctonos, baja del paro, expansi;n del mercado interior.  Hay tres causas de ese fen;meno. La primera es que un poco se cumple (a veces) la Ley de Say, a saber: que la oferta genera demanda. La oferta de mano de obra abundante, ms sacrificada, ms laboriosa, con menores pretensiones salariales, suscita, entre un nCmero de capitalistas, iniciativas empresariales expansivas, que desencadenan ese mecanismo multiplicador. La segunda causa es que cada inmigrante es un consumidor (poco o mucho obtiene algo para comer d1a a d1a y lo gasta); su presencia no s;lo contribuye a dar salida a los invendidos, sino que hace ms rentable abrir nuevas unidades de producci;n y distribuci;n localizadas, al haber una masa mayor de consumidores. La tercera causa es que la propensi;n marginal a ahorrar es menor entre los inmigrantes; y esa propensi;n es una lacra para la econom1a, que contribuye a la superproducci;n, la cual incita a la deslocalizaci;n.  Pretender, como Srk?zy, endurecer la persecuci;n de los inmigrantes clandestinos (y de los empresarios que les dan empleo) y, a la vez, luchar contra las deslocalizaciones es como querer nadar y guardar la ropa.)p-++D)Ԍ Y con eso paso al quinto punto: en la medida en que se intensifique esa cruel represi;n  X contra la inmigraci;n ind;mita (immigration non ma3tris)e), no s;lo se violarn los derechos humanos, no s;lo se conculcar el principio republicano de la fraternidad humana, sino que se perjudicar gravemente a la econom1a francesa.  La derecha de Srk?zy comparte con la izquierda pseudosocialista la err;nea idea esttica de que el trabajo es una tarta que hay que repartir, por lo cual, para que tengan empleo los nativos, hay que echar a los extranjeros (y, para que tengan empleo los parados, hay que obligar a los asalariados a trabajar menos; y, para que tengan trabajo los j;venes, hay que echar a los viejos a sus casas con pensiones miserables). Han fracasado estrepitosamente todos los esquemas de reparto del trabajo, o reparto del empleo (que son, en el fondo, mecanismos de reparto del paro), porque obedecen a un planteamiento malthusiano err;neo, esttico, inmovilista, cuando, en la realidad, la expansi;n de la actividad econ;mica gracias al trabajo y al consumo de unos crea nuevas posibilidades de inversi;n y de iniciativa empresarial que brindarn nuevas oportunidades para el trabajo de otros.  Una de las pocas previsiones viables y realistas del programa sark?ziano es la de servicios m1nimos; en s1 justa, y que, en cualquier otro contexto, ser1a negociable, pero que, en el marco de la regresi;n social delineada en esa panoplia de medidas antilaborales, corre el riesgo de enrarecer la atm;sfera social y provocar una enorme crispaci;n, una tremenda bronca. Aparte de que, para que esa medida surta efecto, no basta con promulgarla sobre el papel; las posibilidades reales de aplicar una norma dependen del clima social, de la aceptaci;n por la masa de individuos sujetos a la misma; una ley vigente sobre el papel pero masivamente desacatada no tiene verdadera vigencia jur1dica (tesis de Joaqu1n Costa que el autor de estas l1neas ha venido sosteniendo en un nCmero de escritos).  Ya he comentado lo absurdo e irrealista de la reducci;n del nCmero de funcionarios pCblicos, la cual, de llevarse a cabo, ser1a catastr;fica. No deja de merecer destacarse que, en esa propuesta, Srk?zy incurre en el mismo sofisma de la izquierda al proponer el reparto del trabajo: los adelantos t)cnicos han aumentado la productividad mucho ms de lo que ha disminuido la cantidad de trabajo prestado (cantidad que los ap;stoles de las 35 horas miden en la duraci;n de la semana laboral y los adelgazadores de la funci;n pCblica miden en nCmero de asalariados). Pero la refutaci;n de ese mal razonamiento es bastante obvia: hoy se produce mucho ms. Hoy se producen ms casas, computadoras, neveras, reproductores de audio, analg)sicos, camisas, refrescos, almohadillas el)ctricas, discos duros. Nuestra existencia ha mejorado; el consumo se ha expandido. Del mismo modo, si los bancos tuvieran que volver a los m)todos de antes, se hundir1a la econom1a, porque hoy se efectCan muchas ms operaciones bancarias. Y similarmente las administraciones pCblicas llevan a cabo muchas ms tareas que antes: hay ms museos, instalaciones de control medioambiental, escuelas, liceos, salas de exposiciones, centros de acogida, hogares de mayores, auditorios, bibliotecas, v1as de comunicaci;n, obras hidrulicas, y as1 sucesivamente. Y los establecimientos que ya exist1an antes realizan ms tareas, porque la vida ha cambiado, se ha intensificado, porque hay ms cosas que hacer, ms prestaciones que rendir, ms actividades privadas que controlar, ms solicitudes que atender.  No deja de ser ir;nico que hace 7 a9os se haya justificado la imposici;n de la semana de 35 horas con el se9uelo de aumento del empleo y que ahora, sin cuestionarse esa semana laboral, se proponga reducir drsticamente el empleo pCblico. Lo uno como lo otro es err;neo. Fracasar.)p-++D)Ԍ La pol1tica de desgravaciones fiscales es inviable, porque, al estrellarse contra el muro ese plan mir1fico de reducci;n del nCmero de funcionarios, se agravar el d)ficit fiscal. Se harn esas desgravaciones, s1, pero el Estado tendr que sacar el dinero as1 perdido con otros tributos, y la carga fiscal no se aligerar significativamente. Adems, es evidente que tal reforma fiscal es socialmente regresiva e injusta.  Y lo de incentivar aCn ms a la compra de viviendas individuales tiene unos conocidos efectos nocivos para la calidad de vida y para la actividad econ;mica, al entorpecer la movilidad laboral, al producir una sociedad anclada, anquilosada; por mucho que se desgraven los intereses hipotecarios, ese modelo de vivienda en propiedad hace ms inaccesible el alojamiento para los j;venes, lo cual desencadena otros mecanismos de parlisis econ;mica; efectos que en Espa9a padecemos de sobra, pero que, al menos, aqu1 se atenCan por la masa de poblaci;n inmigrante fresca bien acogida, que se adapta ms, que no tiene tanta tendencia a enraizarse inamoviblemente y que busca soluciones imaginativas para los problemas de la vida.    X  h  8." Cr1tica al programa sark?ziano: 2 parte )a  La democracia corporativa ya la padecemos bastante, con el enorme poder que han acaparado las organizaciones sindicales y patronales, cuya aut)ntica representatividad es totalmente cuestionable. Ampliar ms ese poder es deslegitimar a los poderes pCblicos de elecci;n popular, los Cnicos que "con todos los problemas" responden a una decisi;n mayoritaria de la poblaci;n (dentro de los l1mites de la democracia formal partitocrtica). Y, de todos modos, est por ver si eso va a ir mucho ms all de las palabras.  La unificaci;n de los reg1menes de seguridad social es un igualitarismo por lo bajo que, sin mejorar a los que estn peor, suprime las conquistas sociales de quienes estn mejor. Su efecto econ;mico ser exiguo, y ms si se escalona la reforma; si no se escalona, podr1a desencadenar un fuerte conflicto social a9adido a la bronca que pueden acarrear las otras medidas.  Tampoco cabe congratularse porque se quiera igualar coercitivamente el salario medio de los hombres y de las mujeres. Una cosa es prohibir discriminaciones injustas, otra imponer ese resultado de salario medio. El Cnico modo de conseguirlo es el de cuotas en todos los escalones. Porque evidentemente si el salario femenino medio es inferior no es (salvo excepcionalmente) porque no se pague igual salario por igual trabajo, sino porque no se dan los mismos trabajos.  El sistema de cuotas, o discriminaci;n positiva, quiere extenderlo el proamericano Srk?zy a todas las esferas, trayendo a Francia el comunitarismo de la sociedad estadounidense, lo cual llevar1a a que a cada individuo se le endilgara, en su documento de identidad, una clasificaci;n )tnicocultural (de un catlogo administrativamente trazado) para que, en funci;n de esa pertenencia, pudiera aspirar en unas u otras condiciones a becas, alojamientos y puestos de trabajo. Lo que se perfila con esa promoci;n coercitiva de la mujer es una ley de paridad en el mismo sentido. Ser1a obligatorio que cada consejo de administraci;n estuviera formado por mitad por cada sexo, como el gabinete ministerial de Srk?zy casi lo est. Cae fuera de los l1mites de este art1culo criticar esa pol1tica de discriminaci;n positiva, que consiste en querer combatir una injusticia con otras que, acumuladas, pueden ser mucho mayores.t)p-++D)Ԍ El subsidio por el primer hijo es, de toda esa panoplia, una de las pocas cosas que merece aceptaci;n. Sin embargo, por un lado, va en contra de la orientaci;n individualista y responsabilista del programa Srk?zy (al fin y al cabo, por qu) van a tener todos los contribuyentes que sufragar las cargas familiares de Jaques Dupont, en lugar de que el buen Jaques sea responsable de su planificaci;n familiar y labre su propio bien y el de los suyos con su esfuerzo mercantilmente recompensado, sin interferencias pCblicas?). Y, por otro lado, es un impuesto negativo que vulnera el principio de progresividad, porque no da ms a los que ms necesitan, sino igual a todos. Sea como fuere, su implantaci;n agravar el d)ficit fiscal y eso colisionar con la pretendida reducci;n de la carga tributaria.  Tambi)n es positivo el punto decimotercero, permitir trabajar ms a9os, aunque la promesa es vaga e insuficiente. Lo Cnico razonable ser1a eliminar totalmente la jubilaci;n forzosa por edad. Si una mujer o un hombre de 80 a9os quieren y pueden trabajar, es tirnico, arbitrario e injusto prohib1rselo porque dizque la mayor1a de los de esa edad no pueden o no quieren. En el fondo, Srk?zy ofrece ah1 un azucarillo escondido en la servilleta, que al final puede que se quede en nada o casi nada porque ni siquiera asume la tarea de argumentar que el trabajo voluntario de los seniores es uno de los pilares necesarios de la salvaguardia de la seguridad social, dada la evoluci;n demogrfica.  Es ms, si fuera en serio, y no fingida, esa revalorizaci;n del trabajo, esa proclamaci;n del trabajo como uno de los valores supremos para la vida humana, no habr1a por qu) mantener ninguna jubilaci;n obligatoria (salvo a lo sumo por razones de ineptitud sobrevenida, por enfermedad o invalidez). El trabajo no es s;lo un medio de vida, sino una necesidad vital; el trabajo da sentido a la vida, porque es lo que crea felicidad y bienestar y, as1, funda la dignidad del hombre, porque el valor del individuo depende de su contribuci;n al bien comCn. La calidad de vida es calidad de actividad vital; y el ocio es lo opuesto a la actividad. Una vida ociosa, inCtil, yerma, improductiva es una vida sin calidad. Es, pues, injusto condenar al individuo a que los 30 Cltimos a9os de su existencia los pase en el ocio (incluso si, por hip;tesis, pudiera drsele un ocio dorado y confortable).  Que Srk?zy sea tan poco expl1cito en lo tocante al derecho a trabajar de las personas mayores dice mucho sobre la sinceridad de su valoraci;n del trabajo, que no pasa de ser una cortina de humo.    X   9." El valor del trabajo y las 35 horas )a  Al margen de todas esas consideraciones, tengo para m1 que la desafecci;n de buena parte del proletariado franc)s a las organizaciones de izquierda ha venido de la Ley Aubry de 2000, las 35 horas, que fue impuesta por el gobierno socialista de Jospin, con sus aliados comunistas y verdes, pero que ha sido unnimemente asumida como una gran conquista social tambi)n por la llamada `extrema izquierda' (una extrema izquierda cuyo discurso sigue, cada vez ms, las pautas de la socialdemocracia de unos decenios atrs, la de plena aceptaci;n de la democracia burguesa con algunos retoques de pol1tica social, sin cuestionar sus instituciones ni siquiera a largo plazo).  La implantaci;n coercitiva de las 35 horas acarre;, como contrapartida, el compromiso sindical de congelaci;n salarial. Al igual que en Espa9a se ha promovido (con escaso )xito) la campa9a por las 35 horas sin rebaja salarial, eso fue lo que se hizo al norte de los Pirineos. Que haya o no rebaja salarial real es discutible, porque depende de qu) se conceptCa (pueden]*p-++D) suprimirse pluses que, presuntamente, ya no se aplican por cambio de condiciones de prestaci;n laboral; p.ej. bonos de comedor, que perder1an su causa con la nueva jornada). Pero lo seguro es que hubo compromiso de moderaci;n salarial y de ah1 se ha derivado un estancamiento del poder de compra; lo cual se ha unido al desempleo, a la precarizaci;n, a la intensificaci;n de los ritmos de trabajo (exprimir el lim;n al mximo), a la nocreaci;n de los prometidos puestos de trabajo de reemplazo, al cierre de algunas empresas que no se han adaptado. Y todo ello se ha saldado por un malestar social que parec1a corresponder a una )poca ya superada, por un rechazo de las instituciones y un boicot de amplias masas a las organizaciones de izquierda que han apadrinado o coreado esas medidas. (Notemos que en las estad1sticas electorales francesas se omite mencionar el nCmero de los noinscritos.)  Adems, hay que reconocer lo que es verdad. Cuando Srk?zy acusa a la izquierda de haber abandonado el valor del trabajo, en eso lleva raz;n (aunque ya hemos visto sus propias inconsecuencias al respecto). S1, es cierto. A bombo y platillo proclamaron el avance civilizacional de las 35 horas como la entrada de una nueva era en la que el trabajo no era lo principal, de una era del ocio, de una era de la calidad de vida. Se entiende que calidad de vida y trabajo son contrarios entre s1, aunque se puedan conciliar en alguna medida. Y, si bien es cierto que nunca han proclamado que el trabajo no es un valor o que el ocio vale ms, )se era el mensaje subliminal (o no tan subliminal). Reparto del trabajo en una sociedad en la que el trabajo contaba menos y ya uno pod1a dedicarse, en lo esencial, al ocio.  No dudo que en un amplio sector de la poblaci;n ha prendido hoy esa ideolog1a del ocio, asociada al anticonsumismo, al antiproductivismo y al pasadismo de coloraci;n ecol;gica. Es el anhelo de la inacci;n, de lo inCtil, que cifra el bienestar en las jubilaciones anticipadas, el acortamiento de la jornada, la multiplicaci;n de d1as de asueto, y no en el poder de compra, la adquisici;n de nuevas comodidades, de nuevas instalaciones, el logro de un entorno habitacional ms atractivo, la capacitaci;n profesional, la educaci;n, la cultura, la participaci;n activa en la vida pCblica.  A su manera, desfigurada, falaz, interesada, inconsecuente, la derecha sark?ziana ha confiscado, en provecho propio, ese valor del trabajo, por mucho que la izquierda de Segolena haya querido porfiar que tambi)n ella valora el trabajo y que lo valora ms porque pide un trabajo dignificado gracias a mejores sueldos, ms seguridad en el empleo y jornadas ms cortas. Tales alegatos no convencen por dos razones.  La primera es que la valoraci;n del trabajo no consiste principalmente en hacerlo ms llevadero, sino en hacerlo intr1nsecamente ms valioso; para hacerlo ms valioso, es menester compartir la idea de que en s1 mismo el trabajo es digno, meritorio, porque es lo que hace el hombre para incrementar su bienestar individual y colectivo pagando un precio, el precio del esfuerzo; para compartir esa idea hace falta estar de acuerdo en que vale la pena ese bienestar individual y colectivo, o sea: vale la pena tener acceso a ms y mejores alimentos, medicamentos, pr;tesis, libros de poes1a, lbumes de fotos, prendas, discos, pel1culas, enseres, habitaciones, estanter1as, tazas, ungGentos.  Esas ideas son incompatibles con el austerismo, frecuentemente predicado por quienes viajan en avi;n, se desplazan en coche, juegan al golf y tienen varias residencias. Y tal austerismo est detrs de las cantinelas de que, gracias a la reducci;n del tiempo de trabajo, la vida ser1a mejor porque habr1a ms ocio. (No es de extra9ar que la Reducci;n del Tiempo de Trabajo, o RTT, sea parafraseada por algunos proletarios como `Reduce Tus Test1culos';q)p-++D) tales son las v1as del resentimiento social, incomprensibles para la bienpensante izquierda de sal;n.)  La segunda raz;n por la cual no convencen los alegatos de la izquierda es que la ley Aubry de 2000 implant; la obligatoriedad de la semana de 35 horas a cambio de la congelaci;n salarial. Mal pueden ahora decir que reclaman una dignificaci;n del trabajo mediante buenos sueldos cuando en el gobierno (de 1997 a 2002) impusieron la congelaci;n salarial. Entonces se motiv; aduciendo la revoluci;n civilizacional que significaba pasar de 39 a 35 horas, un salto cualitativo en la calidad de vida que justificar1a estrecharse el cintur;n.  Pero lo ms llamativo en esa controversia entre Srk?zy y atiSrk?zy es la presuposici;n que ambos bandos comparten, la cual, por consiguiente, no se ha debatido ni siquiera ventilado, ni enunciado, a saber: el valor del trabajo, el valor del esfuerzo, el valor de la mejora de la vida gracias al afn, es siempre el del trabajo y el esfuerzo individuales, el de mejorar la vida individual o, a lo sumo, familiar; nunca el del trabajo colectivo, el de una mejora de la vida en comCn, un incremento del bien comCn gracias al esfuerzo compartido, al sacrificio de todos, arrimando el hombro.  Justamente ah1 es donde est la gran discrepancia entre el individualismo de Srk?zy (vergonzantemente compartido por la izquierda) y el esp1ritu colectivista, como el de la Rusia de los planes quinquenales, el per1odo del estajanovismo, el hero1smo laboral de todo un pueblo unido, que, con el martillo y con la hoz, lucha para hacer la vida en comCn ms alegre, ms sana, ms abundante, ms c;moda, ms segura, para tener unas instalaciones pCblicas ms s;lidas y hermosas, de mayor cabida, mejores teatros, parques, palacios de congresos, centros deportivos, Universidades, acer1as, ferrocarriles, drsenas, factor1as textiles, rompehielos, edificios, estaciones de radio, imprentas, bibliotecas; donde la gente coma mejor, baile mejor, sea ms jovial, se instruya ms, lea ms, trabaje ms por la Patria del proletariado.  Los valores que ha perdido la izquierda son menos los de Jaur/s y Le;n Blum (esos dos santonzuelos socialistas que ahora rescata Srk?zy para anexionarlos a su pante;n) que aquellos que encarnaron Jaques Duclos, Andr) Marty, Maurice Thorez, Louis Aragon, Paul (luard, Ambroise Croizat, Beno3t Frachon, Charles Tillon, Georges Politzer, Marcel Cachin, Jean Catelas, Gabriel P)ri, Arthur Dallidet, MarieClaude VaillantCouturier, Mounette Dutilleul y la pl)yade de valerosos combatientes del glorioso partido comunista franc)s, de 1920 a 1956.  Ahora bien, si lo que hay que valorar es el esfuerzo colectivo por el bien comCn, de qu) colectividad y de qu) comunidad estamos hablando? La verdad es que es valioso, sin lugar a dudas, que uno se empe9e en mejorar la vida de los suyos, la de su familia; en segundo lugar, de su c1rculo de allegados, amigos, parientes y seres queridos; en tercer lugar, la de su Patria.  Pero lo ms valioso es luchar por el bienestar colectivo de la humanidad, vivido y compartido en hermandad planetaria. Es eso lo que se ha esfumado, lo que no asoma en el discurso de la llamada `izquierda' francesa, ni siquiera de la extrema izquierda, y ser1a eso lo que constituir1a una marca registrada jams usurpable ni confiscable por los adalides de la reacci;n y de la oligarqu1a financiera, como N1kolas Srk?zy de NagyBocsa.  (p-++D)Ԍ X   10." Paneurope1smo frente a universalismo )a  Lo que hace falta es reconstruir una axiolog1a anticapitalista en la que se reconozcan los valores del humanismo fraternal y universalista, la comunidad planetaria de todos los miembros de nuestra especie en un empe9o colectivo, cimentado en v1nculos de amor, altruismo, generosidad, solidaridad y sacrificio por la causa colectiva. Lo dems son pamplinas, que no van a ninguna parte y que seguirn estrellndose, porque no sern ni lo bastante malignas para encandilar a los ego1stas ni lo bastante benignas como para entusiasmar a quienes odian las injusticias del desorden establecido.  Justamente el abandono del universalismo es uno de los rasgos compartidos por los principales candidatos de las recientes elecciones presidenciales francesas. De ah1 su europe1smo, o sea su defensa del derecho de Europa a separarse del resto de la humanidad y a erigirse en bloque pol1ticoecon;micomilitar del que puede excluir a los dems. Paneurope1smo y universalismo son posiciones absolutamente antit)ticas y totalmente incompatibles. Si la humanidad es una e indivisible, ningCn grupo de pa1ses tienen derecho a hacer rancho aparte constituy)ndose en bloque.  De hecho tras la I guerra mundial las ideas de hermandad universal de los bolcheviques rusos cundieron hasta el punto de que el propio presidente norteamericano, Woodrow Wilson, al abogar por la creaci;n de una Sociedad de Naciones (SdN), propuso una clusula que prohibir1a la creaci;n de bloques y de alianzas, lo cual coincid1a tambi)n con la posici;n de la entonces naciente Uni;n Sovi)tica.  El antiuniversalismo de Srk?zy es claro y sin tapujos. El de la socialdem;crata do9a Segolena no es tan claro, pero ambos coinciden, junto con el tercer candidato en la primera vuelta, Fran'ois Bayrou, en ser ac)rrimos partidarios de un reforzamiento de la integraci;n paneuropea.  Hasta qu) punto la democracia electiva no merece ser calificada de `democracia representativa' se echa de ver contrastando los resultados del escrutinio de la primera vuelta electoral "la del 22 de abril de 2007" con los del plebiscito sobre la constituci;n europea del 29 de mayo de 2005.  En el plebiscito hubo 28.257.778 sufragios expresados (el nCmero de votantes inscritos fue de 41.789.202); de ellos 12.808.270 S1es (45,33) y 15.449.508 Noes (54,67).  En la elecci;n del 22 de abril de 2007 hubo 44.472.867 inscritos; los tres candidatos que encabezan el resultado electoral hab1an sido partidarios del S1 a la constituci;n europea: Srk?zy, Segolena y Bayrou; totalizan cerca de 28 millones de votos (un 75,62% del total); de los candidatos que van detrs, ocho de ellos se hab1an decantado por el No, y s;lo uno por el S1 (la ecologista Dominique Voynet, la octava en el escrutinio, con un 1,57% de los sufragios).  Evidentemente est claro que la opci;n adoptada en ese tema no tiene por qu) ser lo ms decisivo para escoger a un candidato o a otro. Hay otros temas. Sin embargo, )se ha sido el Cnico acerca del cual se ha consultado la opini;n del pueblo franc)s.  Dibujemos una cuadr1cula en la que vamos asignando casillas a diversos temas; para simplificar no les asignamos mayor ni menor relieve, ni tenemos en cuenta los nexos de causa o motivaci;n que vinculan unos temas a otros. Escribamos en cada casilla el nombre de los candidatos que sobre el tema en cuesti;n se han pronunciado en un sentido y omitamos el`*p-++D) nombre de los que se han pronunciado en sentido opuesto. (Tambi)n para simplificar suponemos que todas las cuestiones son de s1 o no .)  Pues bien, veremos que los tres candidatos que van en cabeza coinciden entre s1 en casi todo, y que, frente a ellos, hay un bloque relativamente homog)neo de los candidatos quinto (Besancenot), s)ptimo (Buffet), noveno (Laguiller), d)cimo (Bov)) y duod)cimo (Schivardi). Si someti)ramos a plebiscito tales cuestiones, una por una, nos llevar1amos probablemente la sorpresa de que ganar1an todas las tesis compartidas por ese bloque. Luego las elecciones no son representativas de las opciones preferidas por el pueblo. No lo son porque el elector vota, principalmente, con un criterio negativo, no positivo. Esa suma de astucias individuales se salda en un error colectivo. Esa conclusi;n me permite poner punto final a este art1culo. Si la lucha por un mundo mejor se limitara a la electoral, o si girase en torno a las elecciones, no habr1a razones para ser optimista. Felizmente no es as1, segCn he argumentado en otros ensayos. p-++D) ZՆ bb  @ A ddx abddx @ % %  #(6 p.7Ee#  vv   t  a- Espa9a Roja ă  V # p.7\(#a(  V4  Se publica este N 14 de ESPA8A ROJA  el d1a 24 de mayo de 2007. Su versi;n oficial es el fichero esproj14.wp (formato WordPerfect 5.1), y se despliega en el internet tambi)n en formatos HTML y PDF.  V    a(  V ga, Fax 912298691  `v  a&E_mail: Ú ă %